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jueves, 5 de enero de 2017

POLÍTICA, ENTRE LA VERDAD Y LA MENTIRA (LO QUE ES Y LO QUE NO ES)


Para evitar estas formas de degeneración gubernamental, Aristóteles proponía moderación, restricción y temperancia en cada nivel. Un hombre que actúa virtuosa y honorablemente y que ejecuta las tareas más nobles para el bienestar común puede encontrar una gran satisfacción tanto para sí mismo como para "la gente que se asigna a sí misma la parte más grande de la riqueza, honores y placeres corporales". Como total antiimperialista después de su desengaño con Alejandro el Magno, Aristóteles predica que hasta las naciones tienden a perder su virtud nacional y todas las características de su cultura cuando se sobrepasan políticamente. 

POLÍTICA, ENTRE LA VERDAD Y LA MENTIRA
(LO QUE ES Y LO QUE NO ES)
-Alberto Rodríguez Barrera-

     El lector moderno resuelve el dilema sobre las clases de esclavo y amo existente en tiempos de Aristóteles recordando que la esclavitud hizo posible el florecimiento del Helenismo en el mundo antiguo. Sin la esclavitud no hubiese existido ningún estado griego, ningún arte o ciencia griega, ningún Imperio Romano. Y sin Helenismo y el Imperio Romano, no hubiera podido ser ninguna civilización moderna. Sin la esclavitud de la antigüedad, tan necesaria como era universalmente reconocida, no podríamos estar aquí sentados, leyendo. La esclavitud en aquél período representó un gran paso adelante, un bárbaro y casi bestial medio mediante el cual el hombre se extrajo a sí mismo de entre las bestias. El lector que se preocupa con la afirmación de Aristóteles de que toda la sociedad humana debe fundamentarse sobre el principio de la esclavitud, además de preocuparse también por las intenciones del chavismo, podría igualmente reprocharle a los griegos su carencia de antibióticos y de poder nuclear.

      Pese a los límites ideológicos impuestos por la sociedad de esclavos en que Aristóteles vivía, le corresponde el duradero crédito de que reconoció la trascendencia característica de todos los sistemas políticos y sociales; de que tienen que involucrar una anterior consideración de algún principio o estándar del bien, y que la política, por tanto, presupone un sistema de ética. Este concepto, como se verá también en la Poética, se observa a través de todo el pensamiento de Aristóteles. Deja claro que no sólo cuestiones ordinariamente reconocidas como morales sino cada problema de la política es, en cada sentido real, un problema moral, una visión a la que cada filosofía científica moderna, después de siglos de preocupación con el concepto tradicional de la virtud, está lenta pero inevitablemente regresando.

     La discusión de Aristóteles de los estados ha influenciado todo el pensamiento político moderno a través de su concepto de qué constituye un buen o un mal estado. Un buen gobierno, dice, es la libertad bajo la ley. "Los gobiernos que tienen consideración por el interés común están constituidos bajo estrictos principios de justicia, y aquellos que consideran sólo el interés de los gobernantes son despóticos".

     Aunque cree que el hombre nunca logrará una forma perfecta de gobierno, Aristóteles postula tres formas de buen, o tolerable, gobierno: reino, que define como un estado en que una persona gobierna por el interés común; aristocracia, el gobierno de los mejores por el interés común; y mancomunado o de comunidad, "la más tolerable forma de gobierno", representado por la democracia constitucional de hoy, en que los ciudadanos administran el estado por el interés común (como no es el caso con el chavismo hoy).

     Todos los malos gobiernos, continúa Aristóteles, son meramente perversiones de estas tres formas básicas. Los reinos degeneran hacia tiranías cuando la monarquía se vuelca a servir sólo al interés del rey y sus satélites; las aristocracias degeneran hacia oligarquías cuando los ricos se vuelcan para gobernar en su propio interés; y hasta las mancomunidades degeneran hacia la tiranía del gobierno del vulgo, "una tiranía no menos temible que el gobierno de los pocos".

     Para evitar estas formas de degeneración gubernamental, Aristóteles proponía moderación, restricción y temperancia en cada nivel. Un hombre que actúa virtuosa y honorablemente y que ejecuta las tareas más nobles para el bienestar común puede encontrar una gran satisfacción tanto para sí mismo como para "la gente que se asigna a sí misma la parte más grande de la riqueza, honores y placeres corporales". Como total antiimperialista después de su desengaño con Alejandro el Magno, Aristóteles predica que hasta las naciones tienden a perder su virtud nacional y todas las características de su cultura cuando se sobrepasan políticamente.

     El Aristóteles de la Política es primordialmente un hombre racional, ansioso para la observación y la ponderación, creyente de que la virtud consiste no necesariamente en moralidad absoluta, pero en pensamiento razonable; y que el pensamiento razonable ocurre no sólo a alguien sentado en algún lado de la soledad, sino que también se deriva del continuo cruce-fertilización de las ideas y de una observación interminable.

     Aristóteles comprendía que el hombre contiene dentro de sí mismo las semillas del bien y del mal. Se preocupaba más por sugerir las condiciones que exaltarían el bien y reprimían el mal. Eso es quizás lo más importante que la Política nos ofrece a todos hoy: enfrentar a las cosas como son y hacer lo mejor posible para corregir los abusos. Esto es realismo, y no el más cerrado sentido platónico.

viernes, 7 de octubre de 2016

VOLVERÁN SIEMPRE LOS VALORES PISOTEADOS


Pese a los límites ideológicos impuestos por la sociedad de esclavos en que él vivía, le corresponde a Aristóteles el duradero crédito de que reconoció la trascendencia característica de todos los sistemas políticos y sociales; de que tienen que involucrar una anterior consideración de algún principio o estándar del bien, y que la política, por tanto, presupone un sistema de ética... Aristóteles comprendía que el hombre contiene dentro de sí mismo las semillas del bien y del mal. Se preocupaba más por sugerir las condiciones que exaltarían el bien y reprimían el mal. Eso es quizás lo más importante que la Política nos ofrece a todos hoy: enfrentar a las cosas como son y hacer lo mejor posible para corregir los abusos. Esto es realismo, y no el más cerrado sentido platónico.


VOLVERÁN SIEMPRE LOS VALORES PISOTEADOS
-Alberto Rodríguez Barrera-

   El lector moderno resuelve el dilema sobre las clases de esclavo y amo existente en tiempos de Aristóteles recordando que la esclavitud hizo posible el florecimiento del Helenismo en el mundo antiguo. Sin la esclavitud no hubiese existido ningún estado griego, ningún arte o ciencia griega, ningún Imperio Romano. Y sin Helenismo e Imperio Romano, no hubiera podido ser ninguna civilización moderna. 

   La esclavitud en aquél período representó un gran paso adelante, un bárbaro y casi bestial medio mediante el cual el hombre se extrajo a sí mismo de entre las bestias. El lector que se preocupa con la afirmación de Aristóteles de que toda la sociedad humana debe fundamentarse sobre el principio de la esclavitud, además de preocuparse también por las intenciones del chavismo, podría igualmente reprocharle a los griegos su carencia de antibióticos y de poder nuclear.

   Pese a los límites ideológicos impuestos por la sociedad de esclavos en que él vivía, le corresponde a Aristóteles el duradero crédito de que reconoció la trascendencia característica de todos los sistemas políticos y sociales; de que tienen que involucrar una anterior consideración de algún principio o estándar del bien, y que la política, por tanto, presupone un sistema de ética. Este concepto, como se verá también en la Poética, se observa a través de todo el pensamiento de Aristóteles. Deja claro que no sólo cuestiones ordinariamente reconocidas como morales sino cada problema de la política es, en cada sentido real, un problema moral, una visión a la que cada filosofía científica moderna, después de siglos de preocupación con el concepto tradicional de la virtud, está lenta pero inevitablemente regresando.

   La discusión de Aristóteles de los estados ha influenciado todo el pensamiento político moderno a través de su concepto de qué constituye un buen o un mal estado. Un buen gobierno, dice, es la libertad bajo la ley. "Los gobiernos que tienen consideración por el interés común están constituidos bajo estrictos principios de justicia, y aquellos que consideran sólo el interés de los gobernantes son despóticos".

   Aunque cree que el hombre nunca logrará una forma perfecta de gobierno, Aristóteles postula tres formas de buen, o tolerable, gobierno: reino, que define como un estado en que una persona gobierna por el interés común; aristocracia, el gobierno de los mejores por el interés común; y mancomunado o de comunidad, "la más tolerable forma de gobierno", representado por la democracia constitucional de hoy, en que los ciudadanos administran el estado por el interés común (como no es el caso con el chavismo hoy).

   Todos los malos gobiernos, continúa Aristóteles, son meramente perversiones de estas tres formas básicas. Los reinos degeneran hacia tiranías cuando la monarquía se vuelca a servir sólo al interés del rey y sus satélites; las aristocracias degeneran hacia oligarquías cuando los ricos se vuelcan para gobernar en su propio interés; y hasta las mancomunidades degeneran hacia la tiranía del gobierno del vulgo, "una tiranía no menos temible que el gobierno de los pocos".

   Para evitar estas formas de degeneración gubernamental, Aristóteles proponía moderación, restricción y temperancia en cada nivel. Un hombre que actúa virtuosa y honorablemente y que ejecuta las tareas más nobles para el bienestar común puede encontrar una gran satisfacción tanto para sí mismo como para "la gente que se asigna a sí misma la parte más grande de la riqueza, honores y placeres corporales". Como total antiimperialista después de su desengaño con Alejandro, Aristóteles predica que hasta las naciones tienden a perder su virtud nacional y todas las características de su cultura cuando se sobrepasan políticamente.

   El Aristóteles de la Política es primordialmente un hombre racional, ansioso para la observación y la ponderación, creyente de que la virtud consiste no necesariamente en moralidad absoluta, pero en pensamiento razonable; y que el pensamiento razonable ocurre no sólo a alguien sentado en algún lado de la soledad, sino que también se deriva del continuo cruce-fertilización de las ideas y de una observación interminable.

   Aristóteles comprendía que el hombre contiene dentro de sí mismo las semillas del bien y del mal. Se preocupaba más por sugerir las condiciones que exaltarían el bien y reprimían el mal. Eso es quizás lo más importante que la Política nos ofrece a todos hoy: enfrentar a las cosas como son y hacer lo mejor posible para corregir los abusos. Esto es realismo, y no el más cerrado sentido platónico.

lunes, 29 de agosto de 2016

LA EXPROPIACIÓN DE LA LIBERTAD


Una sociedad que funcione así, aniquilando, fracasa inevitablemente y es rechazada por quienes conocen otro sistema. En el chavismo como en el autoritarismo, únicamente los hechos tienen la palabra: esperan la catástrofe para reconsiderar la situación. En la democracia es posible anticipar intelectualmente las catástrofes y declarar la bancarrota a tiempo. El fracaso no basta para determinar la enmienda de una orientación; el problema reside en saber cuál es el umbral de percepción de los fracasos y cuáles son los instrumentos de control susceptibles de transformar la información correspondiente en acción política.


LA EXPROPIACIÓN DE LA LIBERTAD
-Alberto Rodríguez Barrera- 

“De las dos cualidades que principalmente inspiran consideración y afecto
–que una cosa es tuya propia y que es tu única- ninguna puede existir en un Estado como éste.” 
Aristóteles

     Sin libertades no puede haber acciones revolucionarias. Pero el comunismo fracasado aplica el absurdo de creer que las libertades carecen de utilidad revolucionaria; les temen, las censuran y las persiguen policialmente. En vez de beneficiarse con ellas, las pierden y olvidan que es la brecha indispensable para la acción revolucionaria. La experiencia prueba que no hay revolución interior bajo un régimen totalitario. Antes de hundirse en las mieles del poder, el chavismo se indignaba libremente por cualquier falla judicial o electoral, pero ahora no pueden con el peso de las libertades y reclaman silencio.

     La libertad no es sólo ese “lujo para burgueses” que describen los falsos discípulos de Marx. La civilización comunista perdió el tren de la historia olvidando el oxígeno que es la libertad. Las “conquistas revolucionarias” fueron arrasadas, precisamente, por la falta de democracia, dentro de cada país y a partir de la cima, más que por el tinglado de “enemigos” que construyeron en su imaginación; y tal falta provocó su fracaso en el terrenopráctico; porque ninguna economía, sea comunista, capitalista o lo que fuere, puede funcionar cuando es dirigida por una oligarquía que se reserva el monopolio de la decisión y reprime por la violencia la participación de los interesados. Todos los análisis reinciden en un punto: el fracaso fue por razones políticas. El capitalismo también puede periclitar y llegar a la dictadura cuando se encierra en el autoritarismo y toma decisiones en el secreto de su soberana incompetencia. 

     En la era tecnológica, ninguna economía subsiste si no es creada a cada instante, trastornada por la inteligencia colectiva. En la fenecida URSS, tan tarde como en 1970, el académico Sakharov, el historiador Medvedev y el matemático Turtchin informaron a Breznev y a otros gobernantes de la cima sobre:”el descenso de la potencia creadora de los representantes de todas las profesiones”, subrayaron “la estrecha relación que existe entre el problema técnico-económico y el de la libertad de información”, deploraron “el burocratismo, la división administrativa, las actitudes formalistas respecto a los deberes a cumplir y la ausencia de iniciativas”; en otras palabras, los síntomas de degeneración para cualquier economía...

     El progreso científico y tecnológico nació del derecho a la investigación, del espíritu crítico; y no habrá sociedad socialista sin libertad científica, tecnológica y cultural; en la penuria no puede haber socialismo, porque la pobreza, automáticamente, hace renacer las desigualdades. La orientación soviética hacía realizaciones puramente militares y “pantalleos”, y su subordinación a miras exclusivamente estatales y políticas (mayores que en capitalismo) escandalizaron por los gastos que amputaron el nivel de vida (más bajo en la URSS que en capitalismo); las necesidades de la población se ahogaban. Sigue siendo labor del socialismo democrático futuro la conquista de la autonomía del poder intelectual e informativo con relación al poder político; y de ese socialismo, la democracia es la matriz.

     Para el chavismo pareciera que libertad es sinónimo de desorden, como igualmente le resultan incomprensibles las ideas de autogestión, de ley igualitaria para todos, de libertad individual y de responsabilidad social. Pero la política no es sencillamente un problema de Poder y de Estado. En la URSS el vínculo entre la catalepsia social y la represión de la inteligencia colectiva, “la propaganda ideológica oficial provoca fatalmente en numerosos ciudadanos la indiferencia y degradación ideológicas, el escepticismo y el cinismo”. La carencia de homo democraticus en el chavismo los lleva a utilizar las instituciones como los campesinos soviéticos utilizaban las cavas de refrigeración: decorativamente, sin enchufarlas a la corriente eléctrica. Con el chavismo tenemos la sensación de que Pueblo y Estado son dos ciegos que se miran fijamente con los ojos apagados, como si vieran todavía.

     La ineptitud para cambiar de comportamiento, entre dirigentes y pueblo, revela el vínculo esencial de la dictadura política y la reacción social. Es erróneo imaginar a los países comunistas abriéndose a la democracia tras consolidar sus bases; y cuanto más persiste la dictadura más frágiles se tornan sus “bases”, y entonces es más necesaria –para ellos- la dictadura. El concepto de “liberalización” aparece en civilizaciones políticas familiarizadas con una alternancia de libertad (ley) y de dictadura (fuerza). La supresión de los militares implica la existencia de un bloqueo óptimo de ciudadanos con más clara imagen de cómo sustituir lo presente. Y nuestro autoritarismo vernáculo contiene suficientes que ven lo autoritario y prefieren la libertad, porque reconocen que el chavismo está sirviendo a la oligarquía de un monarca: anhela el aplastamiento de la oposición y la reducción de la crítica al silencio.

     Una sociedad que funcione así, aniquilando, fracasa inevitablemente y es rechazada por quienes conocen otro sistema. En el chavismo como en el autoritarismo, únicamente los hechos tienen la palabra: esperan la catástrofe para reconsiderar la situación. En la democracia es posible anticipar intelectualmente las catástrofes y declarar la bancarrota a tiempo. El fracaso no basta para determinar la enmienda de una orientación; el problema reside en saber cuál es el umbral de percepción de los fracasos y cuáles son los instrumentos de control susceptibles de transformar la información correspondiente en acción política. El fracaso no repercute sobre el gobierno bajo la forma de un agravamiento de su suerte. La primera revolución mundial consistió, precisamente, en la inversión de tal circunstancia. El chavismo invita a que agravemos la suerte de Venezuela. Pero el cambio está en marcha, porque la libertad no está sujeta a ningún tipo de expropiación. 

jueves, 11 de agosto de 2016

SOBRE ANIMALES POLÍTICOS


La discusión del gobierno en Política está tan llena de ideas que el libro ha sido objeto de argumentaciones múltiples desde que fue escrito. Es una descripción empírica de la naturaleza del hombre bajo variadas circunstancias históricas, lleno de información sobre lo que le pasó a los anteriores estados y lo que les estaba pasando en el propio tiempo de Aristóteles, junto a profundos análisis de la estructura de la sociedad humana... Lo interesante del concepto de esclavitud es que quizás sea esta muy normal realidad de la antigüedad lo que hoy arrulla el chavismo...


SOBRE ANIMALES POLÍTICOS
-Alberto Rodríguez Barrera-

"La distinción que se hace entre el rey y el estadista es como sigue: 
cuando el gobierno es personal, el mandatario es un rey; 
cuando, de acuerdo a las reglas de la ciencia política,
los ciudadanos gobiernan y son a su vez gobernados, 
se le llama un estadista."
Aristóteles

     Aristóteles, el más grande pensador de la antigüedad, llenó su vida con tal profunda especulación sobre la naturaleza del hombre y el universo que cuando murió, en el año 332 antes de Cristo, había echado efectivamente las bases para toda la filosofía científica contemporánea. Fue el más brillante de los estudiantes de Platón y a los 42 años fue llamado como tutor de Alejandro el Grande, entonces de 13 años, con quien luego tuvo una serie de confrontaciones sobre su carencia de restricción y su arrogancia al asumir divinidad personal.

     De las más famosas obras de Aristóteles, un mínimo de once reconocidas, ninguna fue realmente escrita por él, ya que fueron colecciones de sus notas de clase editadas tras su muerte por sus alumnos; su estilo académico es tan compacto y medular que son difíciles de digerir, siendo quizá Política yPoética las mejor dispuestas para su lectura actual. Sin embargo, cada uno de sus libros ha ejercido gran influencia en la historia del pensamiento, hecho obvio para cualquiera que tome en cuenta el propio vocabulario de la dialéctica, de las ciencias naturales y de la metafísica.

      Aristóteles enseñaba que todos los hombres son activados con el deseo de un conocimiento de Primeros Principios, una búsqueda que no comenzó con los griegos sino en los comienzos especulativos glorificados en las leyendas más antiguas. Nuestros propios esfuerzos modernos para explicar y racionalizar nuestra existencia, que enfrenta las más impositivas dificultades debido a las complejidades tecnológicas y las relacione sociales contemporáneas, continúan la misma búsqueda. Hoy, el llamado para este mismo tipo de identificación aristotélica es poco menos que universal.

     La contribución de Aristóteles para la búsqueda de significado de la existencia humana fue su desarrollo del punto de vista teleológico, la creencia de un propósito en el mundo. Con su sistema de categorías primarias alcanzadas a través de y constituidas por el impredecible proceso de cambio temporal, se hizo el primero de una larga y honrosa cadena de materialistas racionales. Sus estudios hacen brillantes suposiciones deductivas sobre la naturaleza de las cosas, y sus escritos son una especie de "poesía científica". Sin embargo, aunque Aristóteles fue el fundador de la lógica, el sistema que se ocupa de la validez del pensamiento, sus obras no están realmente fundamentadas en un método científico. El mundo tuvo que esperar hasta finales del siglo 16 para el crecimiento del pensar genuinamente científico, materialista, que surgió de las muy prácticas necesidades de la Revolución Burguesa.

     La revuelta, sin embargo, con su énfasis primordial en el desarrollo intenso de las ciencias especiales, perdió durante siglos la visión del mundo de Aristóteles como un sólo todo interconectado en movimiento sin fin. Sólo en los tiempos más recientes, nuestra propia y excitante era, Einstein y otros grandes exploradores contemporáneos de la escena física y social han logrado regresarnos una vez más a la visión materialista de Aristóteles, una visión que, nos apuramos en agregar, está ahora enriquecida por todo el contenido de pensamiento de casi dos mil quinientos años de desarrollo histórico de filosofía, ciencias naturales y estructura social. Con la perspectiva de 23 siglos, nos conviene examinar, aún con la brevedad del caso, las ideas sobre estructura social del gran pensador griego.

     La discusión del gobierno en Política está tan llena de ideas que el libro ha sido objeto de argumentaciones múltiples desde que fue escrito. Es una descripción empírica de la naturaleza del hombre bajo variadas circunstancias históricas, lleno de información sobre lo que le pasó a los anteriores estados y lo que les estaba pasando en el propio tiempo de Aristóteles, junto a profundos análisis de la estructura de la sociedad humana.
     Aristóteles estaba en deuda con Platón como punto de partida para muchas de sus ideas (así como Platón con Sócrates), pero en verdad, la Política es una reacción contra el ideal platónico de lo que un estado debería ser, ya que presenta al estado como es.

     "El hombre", dice Aristóteles, "es un animal político", el único animal dotado con habla y por lo tanto capaz de asociarse a sí mismo con otros hombres para construir comunidades y exigir al estado, la forma más alta de comunidad, "la comunidad de hombres libres". Es este uso del término "hombres libres", junto a la normal aceptación de Aristóteles de las clases de esclavo y amo como necesario fundamento para cualquier estructura social, afirmación que descompone a la mayoría de los críticos modernos que profesan el apropiado aborrecimiento contemporáneo de la institución de servilismo corporal. Probablemente se han escrito más palabras sobre este concepto aristotélico que sobre cualquier otro en la Política.

     Lo interesante del concepto de esclavitud es que quizás sea esta muy normal realidad de la antigüedad lo que hoy arrulla el chavismo...

lunes, 18 de julio de 2016

DE CUANDO ROMPIMOS CON LA DICTADURA DE CUBA



El Presidente Betancourt también hizo un llamado sincero y patriótico a los grupos políticos que en Venezuela sostenían con mayor calor la causa cubana que la de su propia patria. Les pedía que manifestaran su oposición a la decisión del gobierno nacional “por los métodos pacíficos y legales de la crítica desde sus curules parlamentarias y desde sus órganos de prensa, publicados estos últimos sin censura previa ni represalias gubernamentales”. 


DE CUANDO ROMPIMOS CON 
LA DICTADURA DE CUBA 

-Alberto Rodríguez Barrera-



     Desde la aprobación y decisión del Partido Comunista, en marzo de 1961, de ir a la guerrilla, con la risible tesis de “nuevo gobierno ya”, se pasaba a una posición diferenciada de las violentas manifestaciones callejeras, motines en diversas ciudades, secuestro de aviones y otras actividades de alteración. En Cuba se proponía cambiar prisioneros por tractores y ya Fidel había decretado al Partido Comunista Cubano como Partido Unico en la isla. Y el 11 de noviembre de 1961, el Presidente Rómulo Betancourt formalizó el rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.

     Era una decisión que estaba ya decidida desde antes de romper relaciones, pero hubo una pausa debido a razones humanitarias: cerca de un centenar de asilados estaban asilados en nuestra Embajada, cobijados bajo nuestra bandera. No se quería entregarlos indefensos a las represalias de un régimen para el cual el desmán y el irrespeto a la persona humana no tenían límites, como lo evidenciaba incuestionablemente la práctica de fusilamientos ante “el paredón”. Una vez que México aceptó trasladar a los asilados –hombres, mujeres y niños- a su sede diplomática, se produjo el rompimiento en la fecha arriba especificada.


     Además de que el Gobierno de Coalición tenía conocimientos de la participación de Cuba en los eventos subversivos de Venezuela, hubo muchos hechos y actitudes del gobierno cubano que revelaban una desafiante agresividad frente a Venezuela, a sus gobernantes y a sus instituciones democráticas, que obviaremos en mérito a la brevedad y para evadir lo anecdótico.

     Pero lo que ya resultó imposible de aceptar, por la dignidad misma de la nación, fueron los exabruptos del Canciller cubano en los cuales acusó al nuestro y al Jefe de Estado de actuar bajo los dictados e indicaciones de potencias extranjeras, siguiendo esa “técnica” totalitaria de acusar a otros de lo que se hace en casa. El rompimiento era la respuesta más decorosa que podía dárseles a quienes rebasaban los límites de la tolerancia en las relaciones internacionales. Y así se hizo.

     El Gobierno de Venezuela no había ocultado en ningún momento su repulsa a los métodos de fusilamientos políticos, encarcelamientos en masa y otras barbaridades que se venían aplicando en Cuba. Esa repulsa no se enraizaba sólo en elementales sentimientos de solidaridad con un pueblo de nuestra misma raza y de nuestra misma lengua. También porque esas prácticas totalitarias violaban (y siguieron violando) expresas normas del sistema jurídico interamericano, dentro del cual se consideraba parte el gobierno cubano, por cuanto mantenía su representación ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

     La tesis de que los derechos humanos son supranacionales y de que ningún gobierno puede matar, torturar y perseguir con implacable saña a sus opositores no tienen sólo carácter de posición principista y doctrinaria; es compromiso y obligación concreta de quienes integran la comunidad regional de los Estados de este continente. El principio de autodeterminación de los pueblos y el de la no intervención de un Estado en las cuestiones internas de otros no pueden ser invocados, a la luz de los textos específicos de los tratados internacionales americanos, como parapeto protector de una política de “represiones sangrientas que América entera repudia”.


     Esta era una posición y un criterio sostenidos anteriormente por el Gobierno de Coalición. Lo sostuvo frente a la dictadura de Santo Domingo, a la cual acusó de despótica por violador de los derechos humanos ante la OEA, que se pronunció contra el dictador y sus métodos. El apoyo que el dictador dominicano dio a quienes realizaron el atentado de Los Próceres el 24 de junio de 1960, fue respuesta a esa posición de consecuencia con los principios, adoptada frente a sus métodos criminales por el régimen venezolano.

     Alto fue el precio pagado por esa insobornable lealtad a criterios de solidaridad y defensa de pueblos americanos victimados por despotismos, que estaban profundamente arraigados, porque su vigencia se pugnó con tenacidad cuando en Guasina y Sacupana, durante la dictadura de Pérez Jiménez, en las cárceles y en el exilio, millares de venezolanos sufrían la misma suerte que la padecida por dominicanos y cubanos.

     Pero en dichos pronunciamientos oficiales de Venezuela sobre la situación cubana se mantuvo un tono de discreta ponderación. No se insultó jamás a los gobernantes de ese país, aun cuando se trataba de mandatarios autoelectos, que nunca convocaron al pueblo a elecciones. Otro había sido el proceder de los gobernantes de Cuba y de sus vehículos regimentados de información. Utilizaban el más plebeyo e insultante de los lenguajes contra nuestro país y contra su gobierno.

     La situación de los varios centenares de asilados en nuestra Embajada y en otras, y el deseo de que cuando se fuera a una reunión de Consulta de Cancilleres pudiera exhibir Venezuela su ecuanimidad como una prueba más de la manera objetiva con que enjuiciaba la situación cubana, habían retardado la medida de rompimiento adoptada finalmente. Cuando fue ofendida la dignidad de Venezuela ningún lapso aplazatorio para romper relaciones con el gobierno de Cuba podía ser considerado. Se dio la única respuesta compatible con el decoro nacional.

     La ruptura de relaciones diplomáticas y consulares con el gobierno cubano no modificó ni un ápice otras normas a las que Venezuela estaba celosamente apegada, como la no intervención armada en Cuba por otro país americano. Con motivo de la invasión de la Bahía de Cochinos (17 de abril de 1961), Rómulo tenía una posición firme: “Venezuela no será base de operaciones de ningún grupo que desde nuestro territorio pretenda invadir armado a Cuba. Dentro de la Organización de Estados Americanos, y en nuestro contactos bilaterales con otras cancillerías del continente, sostendremos con recia firmeza la tesis de que la invasión a Cuba por fuerzas armadas de un país americano sería la quiebra del sistema regional y el fracaso del esfuerzo de treinta años realizado para que se consagre como un principio no discutible el que los ejércitos de un país continental no pueden invadir y ocupar a otro país de América. Distinto a ello, y sí compatible con las pautas de la Carta Constitutiva de la Organización de Estados Americanos y con tratados internacionales, es que en una reunión de consulta de Cancilleres se estudien las medidas colectivas adecuadas para impedir que miembros de la comunidad regional interfieran en los asuntos de otro, u otros, y se conviertan en riesgo potencial para la paz de América, al supeditar su política internacional a la de potencias extracontinentales y al adquirir en ellas verdaderos arsenales bélicos”.


     Cuando se gobierna con sentido democrático, y no autocrático, la función atributiva y privativa del Jefe del Estado, en materia de política exterior, no se interpreta con un sentido restrictivo, sino adecuándola a realidades que no pugnan con su esencia misma. Por eso el Presidente del Gobierno de Coalición solicitó y obtuvo el respaldo del Consejo de Ministros, de los partidos integrantes de la coalición gubernamental, así como de los dirigentes obreros democráticos, y de las Fuerzas Armadas, ya que es función específica de esta institución la de estar alerta ante la soberanía de la patria, y porque se trataba de aceptarle el reto al gobierno de América Latina que había recibido de sus aliados comunistas de Europa y Asia material de guerra cuantioso, al extremo de que fuera de Estados Unidos no había país del continente que tuviese en ese momento mayor cantidad de hombres integrados en un ejército de 300 mil efectivos.


     El Presidente Betancourt también hizo un llamado sincero y patriótico a los grupos políticos que en Venezuela sostenían con mayor calor la causa cubana que la de su propia patria. Les pedía que manifestaran su oposición a la decisión del gobierno nacional “por los métodos pacíficos y legales de la crítica desde sus curules parlamentarias y desde sus órganos de prensa, publicados estos últimos sin censura previa ni represalias gubernamentales”.

     Agregó Rómulo, para que no quedaran dudas: “Si escogen otro camino, el de la violencia callejera y el motín, la respuesta del gobierno será rápida, enérgica y eficaz. La garantía del orden público es deber primordial de un gobierno, Y convencido de ello, el que rige actualmente los destinos de le República, impediría que con motivo de la ruptura de relaciones diplomáticas con el régimen cubano se reediten los violentos episodios que conmovieron a Caracas y otras ciudades del país en octubre y noviembre del año pasado”.

     

lunes, 11 de julio de 2016

PENSAR PARA SER Y ACTUAR EN POLÍTICA




Para comprender las raíces y las verdaderas causas del poder político, ahí donde se debaten naturalmente los hombres, es necesario un estado de completa libertad para decidir y ordenar sus actos y sus propiedades como mejor les plazca, dentro de los límites de la ley natural, sin necesidad de depender de la voluntad de un dictador, especialmente cuando éste carece del entendimiento y del conocimiento de la esencia real del hombre. 


PENSAR PARA SER Y ACTUAR EN POLITICA 

-Alberto Rodríguez Barrera-


“Tocamos, vemos las propiedades de esta substancia; pero esa misma palabra “substancia” 
-lo que está debajo- nos advierte suficientemente que lo que está debajo nos será siempre desconocido: 
fuere lo que fuere lo que descubramos de sus apariencias, siempre quedará por descubrir debajo.”
Voltaire


     Comparando ideas y comparando cosas es que relacionamos y agrupamos los objetos, por medio de relaciones que dependen de quien observa y de las propiedades de ese observador. Las ideas de relación son fundamentales para el conocimiento. Tales ideas no son simples, no proceden de la experiencia. La esencia de las ideas –en sus modos mixtos o de relaciones- ponen a prueba la capacidad de poner en orden el lenguaje, ya que en los labios o en escritos las palabras pueden ser muy buenas y autorizadas, pero también de inciertas, poca o ninguna significación. (Los autócratas ofrecen siempre ejemplos de estas tres modalidades.)

    Es cuando podemos definir su esencia cuando entendemos que conocemos algo, la esencia de la idea, que es abstracta: su realidad está en la mente. La experiencia proporciona ideas simples, cualidades de los cuerpos, pero ninguna idea compleja; la mente humana las une –como concepto- a una idea nominal. Pero la esencia real está en las operaciones que se desprenden del individuo; establecemos una relación entre el conjunto de ideas simples que vienen de la experiencia y comparamos definiciones; las cualidades sensibles se nos presentan entremezcladas y suponemos que tienen en sí mismas su causa: la esencia real. Y donde las facultades o la estructura externa sean diferentes, allí la constitución interna no es la misma. (Hoy nos vemos en la obligación de procesar las esencias de las ideas hacia la necesidad de libertad.)

     La mente es la que forja las esencias específicas y formamos libremente nuestras ideas de sustancias, más por sus esencias nominales que por sus esencias reales. Como las esencias nominales no son un cálculo exacto de los límites fijados por la naturaleza, las sustancias no muestran la raíz de todas las cualidades. Queremos decir que más allá de las falsedades políticas que nos inundan, está la existencia de nosotros mismos, que somos tratados como si no existiéramos. 

     Decía Descartes: “Pero advertí en seguida que aun queriendo pensar, de este modo, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa... Y habiéndome percatado que nada hay en, pienso, luego existo, que me asegure que digo la verdad, a no ser que yo veo muy claramente que para pensar es necesario ser... Entonces no cabe duda de que, si me engaño, es que yo soy; y, engáñeme cuanto quiera, nunca podrás hacer que yo no sea nada...”

     Más que afirmar nuestra existencia, lo importante está en la posesión de conciencia -moral, política y jurídica- capaz de defender la libertad, cuya pérdida sería una falta de responsabilidad. Las soluciones metafísicas se reemplazan por el conocimiento positivo, eliminando el mal uso de los nombres, de las situaciones y de las posibilidades que el propio sentido común resuelve con facilidad. La razón es la facultad básica para el conocimiento y para ejercer la libertad; relacionamos la información sensible e intuitiva para establecer las ideas que fundamentan el conocimiento, abstraer y proporcionar la voluntad que determina y mueve la búsqueda de felicidad; razonar de sagacidad e ilación que hace al hombre capaz de leyes, de vivir bajo reglas generales, porque la sociedad civil sólo es posible por medio de agentes que razonen, y la libertad se reduce a la capacidad de hacer o no una acción... 

     Pensamiento y movimiento son los dos campos de acción del hombre, quien para actuar necesita una voluntad que lo mueva y un entendimiento que proponga los objetivos. La libertad no pertenece a la preferencia de la mente, es una potencia que pertenece a la persona que hace o deja de hacer; la mente no tiene la potencia de abstenerse de ejercer la voluntad.... 

La libertad necesita de la voluntad, con su trasfondo hedonista-utilitarista, y la voluntad sólo es posible por la satisfacción o el malestar. El motivo que nos impulsa a cambiar siempre es un malestar. No se trata de seguir cualquier deseo, producto de nuestros numerosos malestares, sino de examinar o considerar para dirigir la voluntad hacia los más provechosos. Debemos convertir el juicio recto en el principio fundamental de la libertad, cuyo ejercicio constante es la consecución de la felicidad. 

Para comprender las raíces y las verdaderas causas del poder político, ahí donde se debaten naturalmente los hombres, es necesario un estado de completa libertad para decidir y ordenar sus actos y sus propiedades como mejor les plazca, dentro de los límites de la ley natural, sin necesidad de depender de la voluntad de un dictador, especialmente cuando éste carece del entendimiento y del conocimiento de la esencia real del hombre. 

miércoles, 6 de julio de 2016

POLÍTICA EN EL ENTENDIMIENTO HUMANO SUPERIOR


En todo lo anterior dilucidamos, brevemente, aspectos universales básicos que nos permiten resaltar que en el presente venezolano se ha relajado –oficialmente- la observación estricta de los mandatos de equidad y de justicia, resultando todo ello en un estado de inseguridad y de amenaza donde está mal salvaguardado el disfrute de los bienes que cada quien posee en ese estado natural. El estado absolutista roba los bienes y la felicidad del hombre, así como la finalidad máxima y principal que los hombres buscan al reunirse en Estados o comunidades; el absolutismo prefiere someter al hombre a una forma de gobierno muy particular que no salvaguarda su bienestar general y que es ajeno al entendimiento humano superior. 



POLÍTICA EN EL ENTENDIMIENTO HUMANO SUPERIOR
-Alberto Rodríguez Barrera-

     Detrás de la palabra “hombre” tenemos la idea de un cuerpo organizado. Para la filosofía política de Locke, la diferencia entre hombre y persona resultó fundamental. ¿Qué entendía el filósofo por sustancia material y sustancia espiritual (o alma)? Sensibilidad y reflexión dan a la mente sólo ideas simples, que subsisten en algún substratum (el soporte corporal que suponemos sirve a las cualidades sensibles de los cuerpos) que denominamos sustancia, como “mera suposición”, ya que no se corresponde con ninguna idea clara y distinta. Igual nos sucede ”en lo que se refiere a las operaciones de la mente, es decir, el pensamiento, razonamiento, el temor, etc.” , y que llamamos espíritu: “tenemos una noción tan clara de la sustancia del espíritu como la que poseemos del cuerpo, ya que suponemos que la una es (sin saber lo que es) el substratum de aquellas ideas simples que tomamos del exterior; y que la otra pensamos que es (con igual ignorancia de lo que es) el substratum de aquellas que experimentamos en nuestro interior”. Sustancia corporal y sustancia espiritual (cuerpo y espíritu) vienen a ser ideas complejas formadas a partir de la cohesión de las partes sólidas y el impulso, la primera, y del pensamiento y la voluntad, la segunda.

    Con el término “persona”, decía Locke, se indica “un ser pensante e inteligente, provisto de razón y reflexión...una misma cosa pensante en diferentes tiempos y lugares; lo que tan sólo hace porque tiene conciencia, porque es algo inseparable del pensamiento... pues es imposible que uno perciba sin percibir lo que hace”. El tener conciencia une las acciones dentro de la persona... sea la sustancia “espiritual o material, simple o compuesta, que es sensible o conciente del placer o del dolor, capaz de felicidad o de desgracia...” Tal identidad personal será el sujeto moral y “en lo que están fundados el derecho y la justicia”, por lo que el término persona (el sí mismo) “pertenece únicamente a agentes inteligentes que son capaces de una ley y de ser felices o desgraciados”. 

     Hoy nos toca recordar, para exaltar la política en su dimensión superior y detener los impulsos autoritarios, que el “agente inteligente” tiene libertad de acción, es capaz de conducirse por su propia razón y de crear sus propias acciones. La persona, directamente relacionada con la acción, será de la que puede disponer el hombre en estado natural, junto con su libertad y sus bienes. No es la identidad de las sustancias (cuerpo y alma) la que determina la identidad personal, sino la identidad de tener conciencia; esta “sustancia individual inmaterial” es la que afecta a aquellas. El hombre está sometido a las leyes naturales y cuando examinamos a los individuos de la especie humana, comprobamos que buscan la felicidad, usan la razón y siguen sus pasiones. 

     La política autoritaria olvida que la felicidad, entendida como búsqueda del placer y evitación del dolor, es lo que busca todo el mundo de una manera constante, y todos los hombres persiguen lo que pueda producirla. El fin de toda acción humana es la felicidad, ella es la que mueve el deseo, particularmente cuando se diferencia y no se limita al regodeo de los lujos del poder. Debemos exaltar los juicios erróneos sobre la felicidad que está ofreciendo el hedonismo individualista radical que gobierna y que ha apelado a la sinrazón para alcanzar sus fines, incapaces de detenerse o refrenarse ante la posibilidad de suspender la consecución de cualquier deseo. Decía Locke: “Así pues, como la más alta perfección de una naturaleza intelectual consiste en la búsqueda cuidadosa y constante de la verdad y la felicidad estable, de la misma manera, el cuidado que debemos tener de no confundir la felicidad imaginaria con la verdadera es el fundamento necesario de nuestra libertad”.

     La razón es “esa facultad por la que se supone que el hombre se distingue de las bestias”. Tal facultad tiene por función la ampliación y regulación de nuestro conocimiento, cosa diferente a quienes se limitan a los sentidos y la intuición. La racionalidad –facultad esencial del hombre- es el punto de partida de todo el proceso humano. Pero la ley de la razón no es innata, debe construirse día a día; es posible en la dimensión política y moral por la capacidad que tiene el hombre para deliberar, para poder detener una conducta instintiva y comprobar si nos conduce o no a la felicidad; el deliberar, facultad para suspender la acción y satisfacción inmediatas, viene a ser la raíz de la libertad. 

     “En esto radica la libertad del hombre; y de su empleo inadecuado se originan toda una serie de errores y equivocaciones en las que incurre nuestra conducta al buscar la felicidad, pues rápidamente nos apresuramos a determinar la voluntad, sin que haya habido el examen debido a la cuestión... Creo que esta es la fuente de toda libertad, y en ello radica... eso que se llama ‘el libre albedrío’, pues mientras se mantiene esa suspensión de cualquier deseo, antes de que la voluntad quede determinada a esa acción y antes de que la realice (lo cual haría después de su determinación) tenemos la oportunidad de examinar, y de mirar y de juzgar sobre la bondad o maldad de aquello que intentamos hacer”. Locke.

     La hora es de actuar como consecuencia de nuestra elección, porque el hombre puede ser tan libre como es posible que lo haga la libertad. El tener conciencia nos lleva a ser creadores y dueños de nuestras acciones. Somos libres para determinarnos en una dirección razonada, pero no para indeterminarnos. En la “adoración perpetua” que los sumisos chavistas pretenden esconder su mediocridad buscan hacer del ser imperfecto que es el hombre una especie de dios, nublándose así el entendimiento y la visión de la libertad y de la felicidad. Alejándose del “estado natural” (hipótesis de trabajo utilizada por Hobbes, Spinoza y Locke), el chavismo desecha principios, derechos y deberes por los que el hombre debe regirse, enajenando su organización política, desconociendo la historia (única luz que tenemos en muchos casos) y sus muy útiles verdades. Este desvío se descoca más confundiendo con un único “Señor” soberano a un desfasado que se cree omnipotente e infinitamente sabio, considerándonos servidores que existimos por orden suya y mientras a él le plazca, y no a otros.

El hombre fue dotado de idénticas facultades, en estado de igualdad e independencia –de libertad, que no de licencia- donde la razón encuentra leyes naturales que marcan los deberes y derechos que rigen y obligan a todos. De ahí que nadie pueda (deba) dañar a otro en su vida, salud, libertad o posesiones. Surgen así dos deberes fundamentales: la propia conservación (¿propiedad de Dios?) y la protección a los demás (y a sus propiedades) hasta el límite de su propia vida. Hay un tercer principio de la razón: buscar y mantener la paz, el medio más idóneo para cumplirlos. Junto a otros deberes y derechos está el derecho a cambiar el orden establecido cuando éste, de una manera flagrante, ha sido alterado o no sirve para mantener la paz y el orden. Los deberes y derechos propios del estado natural son anteriores a la organización civil, por lo que no deberían ser conculcados. 

La razón conduce al hombre y lo hace ver la necesidad de organización para lograr una felicidad estable. El correcto desarrollo del hombre necesita de la convivencia con el resto de los hombres, porque el hombre es natural y espontáneamente social. La organización social (que apareció al alterarse el estado natural con la aparición del estado de guerra) está al servicio del mejor cumplimiento de las leyes naturales y de la conservación de la felicidad estable, finalidad de todas sus acciones. Siendo la razón facultad fundamental del hombre y sus acciones, se justifican las diferentes racionalidades en la organización social; nos adueñamos de la tierra para ponerla en condiciones útiles para la vida, y le agregamos algo propio: el trabajo, sentido moral al que todo hombre tiene acceso. En esto cabe recordar que entre el trabajo y la apropiación, la racionalidad plena no puede estar más en la apropiación que en el trabajo; justicia y propiedad las encontramos en la naturaleza y en el estado natural, anteriores al orden social; el derecho positivo ha de estar de acuerdo con ellas. 

Las leyes de la naturaleza obligan a los seres naturales como el hombre; la libertad viene condicionada por la razón que guía al hombre hacia la justicia, que se convierte en orden humano conforme a la naturaleza; la justicia es el orden de la naturaleza, desarrollada o realizada por el hombre, por la ley natural y por su razón.
En todo lo anterior dilucidamos, brevemente, aspectos universales básicos que nos permiten resaltar que en el presente venezolano se ha relajado –oficialmente- la observación estricta de los mandatos de equidad y de justicia, resultando todo ello en un estado de inseguridad y de amenaza donde está mal salvaguardado el disfrute de los bienes que cada quien posee en ese estado natural. El estado absolutista roba los bienes y la felicidad del hombre, así como la finalidad máxima y principal que los hombres buscan al reunirse en Estados o comunidades; el absolutismo prefiere someter al hombre a una forma de gobierno muy particular que no salvaguarda su bienestar general y que es ajeno al entendimiento humano superior.