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viernes, 23 de septiembre de 2016

COMUNISMO: NO MEJORA EL ENFERMO


Sin embargo, el marxismo no fue mejorado, mucho menos purificado; y las esperanzas que el chavismo ofrece en este sentido, alientan su desaparición.

COMUNISMO: NO MEJORA EL ENFERMO
-Alberto Rodríguez Barrera-

“A quien tiene el poder para formar parte de una administración deliberante y judicial de cualquier Estado, lo llamamos ciudadano de un Estado; y, hablando en general, un Estado es un cuerpo de ciudadanos sirviendo para alcanzar los propósitos de la vida.” Aristóteles

    Lo “diferente” del socialismo de Sartre es que estaba basado en la libertad, cosa que para los comunistas siempre es un problema, tal como incuestionablemente lo evidencia el chavismo. Los comunistas eran hostiles con Sartre, y él retribuía de igual manera. Sartre constituyó un partido propio en 1949 para adelantar la causa del socialismo independiente; fracasó y se hizo “compañero de viaje” del Partido Comunista francés, aunque no militante. En su libro Critique de la Raison Dialectique trata el tema del hombre en la masa, como opuesto al hombre como individuo; relaciones colectivas en vez de relaciones personales.

     Buscar oxigeno y revivir algún nuevo tipo de marxismo es algo común para los comunistas, que reconocen siempre la necesidad de “revitalizar” lo que la realidad acostumbra a dejar atrás, guardado en las experiencias fallidas. Sartre intentó darle prioridad al marxismo por encima del existencialismo. La fórmula fue: marxismo es “filosofía”, existencialismo es “ideología”. Y explicaba la distinción: las “filosofías” son grandes sistemas creativos que no pueden trascenderse hasta que la historia haya avanzado; los grandes momentos filosóficos del mundo moderno están representados por Descartes y Locke, luego por Kant y Hegel, y Marx. Al llamar al existencialismo “ideología”, Sartre lo define como “sistema parasitario que vive en los márgenes del conocimiento al cual en un principio se oponía, pero al cual ahora intenta integrarse”; integrarse al marxismo, tras lo cual el existencialismo no tendría razón de ser.

     De tal manera veía Sartre la modernización que tanto necesitaba (y necesita) el marxismo, que ya había perdido su base teórica, porque sus conceptos eran “diktats”; sus voceros muy abstractos, rígidos, fuera de contacto con la experiencia real; empantanados en filosofía y metafísica separadas, inconsciente de su propia teleología. Sartre quería que el marxismo se purgara del concepto materialista del determinismo y aceptara del existencialismo el concepto racional de la libertad humana. Sartre toma como texto propio la afirmación de Engels: “Los hombres hacen ellos mismos su historia, pero en un ambiente dado que los condiciona”. Sartre acentúa las palabras “los hombres hacen su historia”: son ellos quienes la hacen, no es la Historia –ni el Pasado- que la hacen. Ahí es que Sartre quiere que creamos que busca la purificación del marxismo, en vez de su disolución, por la asimilación de interioridades existencialistas.

     Las relaciones de masa sartreana presentan un contraste no sólo entre lo que Sartre dice y lo que generalmente dicen los escritores marxistas, también entre lo que Sartre dice aquí y sobre lo que dice sobre las relaciones personales en L’Etre et le néant. El conflicto ya no es una condición fundamental de las relaciones humanas; aún es visto como factor básico en la historia humana. De acuerdo a la antropología sartreana, las sociedades pasan de ser “colectivas” a ser “grupos”, de ser individualistas (“pluralidades de soledades” atomísticas) a ser enterizas unidades orgánicas. El proceso de fusión es dialéctico, y el grupo de mantiene junto no sólo por el juramento del contrato social sino por el Terror. Es la violencia, dice Sartre, lo que une al grupo hasta que se integra y adquiere instituciones. “La libertad comunal se crea a sí misma como Terror.”

     Sin embargo, el conflicto es ahora visto como una condición secundaria y curable. Sartre da una nueva razón para ello: la escasez. Es la falta de comida y otros materiales en el mundo lo que produce la lucha entre los hombres. Esto hace a la violencia comprensible y –por así decirlo- racional. Sartre ahora opone la visión de que el conflicto entre los hombres surge como fuerzas agresivas en la naturaleza humana misma, como piensan Hobbes, Freud y otros. Sartre reclama que no hay necesidad de guerra entre los hombres; y que tales guerras han sido sólo porque ha habido escasez. 

     “Toda aventura humana, al menos hasta ahora, es una lucha desesperada contra la escasez”, escribe Sartre. La escasez hace sospechar a los hombres, ya que cada cual teme que el otro traicionará el contrato social. Las relaciones entre ellos son inestables, aun cuando no estén en guerra. Además, las estructuras que los hombres imponen para escapar de la escasez a menudo se ponen en contra de sus inventores y empeoran el predicamento; situación que Sartre califica como “el Infierno de lo práctico-inerte”.

     Esta teoría es claramente muy diferente a la del marxismo ortodoxo, donde los hombres son vistos como criaturas de circunstancia, o de la Historia. Para Sartre los factores materiales o económicos siguen siendo cruciales, como son para todos los marxistas, pero él ve la historia como la creación de los hombres, eso es: la historia es el resultado de decisiones conscientes, y a veces de corto alcance, hechas por los hombres frente a los problemas de escasez y frente a los problemas que surgen de los intentos de nuestros ancestros por solucionar la escasez.

   La “crítica de la razón dialéctica” promete que hay una historia humana con una verdad inteligible. Es un libro excesivamente largo, tortuoso e intrincado; lleno de jerga desconcertante; carente de la elegancia de las obras anteriores de Sartre; perspicaz y espléndidamente racionalista.

     Sin embargo, el marxismo no fue mejorado, mucho menos purificado; y las esperanzas que el chavismo ofrece en este sentido, alientan su desaparición.

jueves, 22 de septiembre de 2016

EL CONFLICTO COMO SALIDA DEL CHAVISMO


El sadismo y el odio (aspectos de chavismo) representan la apropiación y la violencia; su idea de poder es capturar a la libertad, suprimirla; aquí la libertad se les escapa; se alienan por la libertad del Otro; el odio busca la extinción del Otro, cosa que no es posible, ya que nunca dejará de existir... Pero Sartre coge aire a ratos, como cuando afirma que “el reconocimiento de la libertad del Otro involucra el reconocimiento del Otro de nuestra propia libertad”. Pero ese aire parece cambiar cuando se le sale el chavista oculto y dice que “el respeto por la libertad del Otro es una palabra vacía...”


EL CONFLICTO COMO SALIDA DEL CHAVISMO 
-Alberto Rodríguez Barrera-

“Mientras estaban en guerra, por lo tanto, su poder fue preservado, 
pero cuando obtuvieron el imperio cayeron, porque de las artes de la paz 
no sabían nada, y nunca se habían comprometido 
con un empleo superior a la guerra.” 
Aristóteles

     Si el ser para uno mismo ya es complicado, el ser para otros puede llegar a ser una profesión: “existir para ser percibido”, como objeto para otra gente. Dice el filósofo: la consciencia propia existe para otros, y eso permite que existamos nosotros. Hegel dijo que “el camino hacia la interioridad pasa a través del Otro”. Sartre a su vez dijo que “el valor del reconocimiento del otro de mí depende de mi reconocimiento del otro”; la mirada de otra persona me vuelve un objeto, me “solidifica”, me da “carácter”. Y también quita la libertad.

     La otra persona es una consciencia que mira, e incluye juicios y evaluaciones. Un juicio “es el acto trascendental de una persona libre”. El hecho de ser visto me hace un ser sin defensas contra una libertad que no es unilateral; el ser visto por otra persona nos hace esclavos; mirar a otra persona nos hace amos; y soy un amo cuando hago que el otro dependa para ser en mi libertad. 

     Sartre lanza la opinión extrema y sombría de que todas las relaciones concretas entre la gente son formas de conflicto y lucha; y que es la vergüenza lo que nos prueba la existencia de otra gente; porque en vergüenza yo “reconozco lo que soy”. Aquí no se trata de perder la libertad para ser una cosa (como quiere el chavismo), sino de atribuirse un ser que se es para Otro. ¿Qué se hace ante esta situación?

     Sartre ve dos líneas de conducta: tratar de hacernos una especie de objeto en los ojos del otro de lo que deseamos ser; o podemos tratar de quitar la libertad del otro. Ambas son formas de conflicto: la primera encuentra su expresión extrema en el masoquismo, la segunda en el sadismo. 

     Si uno es lo que es porque otra persona me ve así, pienso que no quiero deberle mi ser de esa manera a otro; quiero que sea mío. ¿Cómo hacer esto? Una es absorber la libertad de la otra persona, dejando la libertad libre. Sartre llamó a esto “seducción”. El seductor, posando como un objeto, trata de capturar la subjetividad del otro, transformándose en objeto “fascinante”, con lenguaje fascinante; pero el lenguaje es un dispositivo incapaz de realizar tales fines; porque el lenguaje necesita ser entendido; es algo que el Otro debe interpretar en su propia realidad. 

     Por razones como ésta es que Sartre describía el amor como algo imposible de realizar: para que yo te ame hay que tratar de hacer que me ames, y viceversa; ambos somos confrontados por un infinito regreso; rechazamos prolongados ensayos de seducción mutua, pero estamos destinados a la frustración eterna, a veces ayudado por la aparición de un tercero. 

     Si el amor es una empresa imposible (como el chavismo lo inspira), aparece la desesperación del masoquismo, que también falla; es una presunción de culpa, consentir mi absoluta alienación; proporcionamos la ocasión para que el Otro sea culpable; mientras más trata el masoquismo de saborear su objetividad, más se sumerge en su subjetividad; hasta el hombre que le paga a una mujer para que lo azote la trata como un instrumento. Sartre une amor y masoquismo como intentos para asimilar la libertad del Otro.

     El deseo de cambiar puede intentar la indiferencia, una especie de “ceguera”. Muy inadecuada; sustentable mientras dure la mala fe; es ignorar lo que el Otro es; es un sentimiento de perpetua carencia y malestar, que indudablemente está ahí, como quien cierra los ojos; se pierde la necesidad de ser libre; ver sin ver; traición de uno mismo. De la indiferencia se pasa al deseo; voltear hacia el Otro y “utilizarlo como instrumento para tocar la libertad”; es como la sexualidad: una “necesaria estructura del ser”; no es placer, es deseo de un objetivo trascendente, consciencia que le da sentido al cuerpo. Pero para Sartre –socialista complejo- el deseo, el amor, el masoquismo y la indiferencia están destinados al fracaso.

     El sadismo y el odio (aspectos de chavismo) representan la apropiación y la violencia; su idea de poder es capturar a la libertad, suprimirla; aquí la libertad se les escapa; se alienan por la libertad del otro; el odio busca la extinción del Otro, cosa que no es posible, ya que nunca dejará de existir... Pero Sartre coge aire a ratos, como cuando afirma que “el reconocimiento de la libertad del Otro involucra el reconocimiento del Otro de nuestra propia libertad”. Pero ese aire parece cambiar cuando se le sale el chavista oculto y dice que “el respeto por la libertad del Otro es una palabra vacía...”

     Para Sartre hay algunas experiencias concretas en que descubrimos que no estamos en contra de otros, sino en comunidad con ellos: la experiencia de Mitsen o compañerismo. Pero tales sentimientos son despedidos por él como puramente psicológicos o subjetivos; porque no revelan nada sobre el ser como tal. Es totalmente inútil, concluye, que el hombre trate de escapar de su dilema: “Uno debe trascender al Otro o permitir que uno mismo sea trascendido por él. La esencia de las relaciones entre las consciencias no es el Mitsen; es el conflicto”.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

POR LA DEFENSA DE LA LIBERTAD


El autoengaño del chavismo causa angustia, abandono y desesperación porque no elige la libertad como un compromiso de todos, y a través de “controles” quieren decidir por todos, obviando el significado profundo y concreto de su responsabilidad. Así es que disfrazan su angustia o se alejan de ella, sin comprometerse con nada ni con nadie excepto con ellos mismos.


POR LA DEFENSA DE LA LIBERTAD
-Alberto Rodríguez Barrera-

“Porque en algunos Estados el pueblo no es reconocido ni tienen asamblea regular, sólo extraordinarias; y se distribuyen trajes...” Aristóteles

     Fue Hegel quien acuñó el término “libertad terrorista”, y a veces se le aplicó a las conclusiones sartreanas de L’Etre et le néant: a) que jamás lograremos, en nuestras relaciones con otra gente, el reconocimiento mutuo de la libertad de cada cual; b) que el principio kantiano de tratar a las otras personas como fines es insostenible; y c) que la esencia de las relaciones entre seres conscientes no es sólo el Mitsein (compañerismo, comunidad, mutualidad) sino el conflicto. Pero en L’Existentialisme est un humanisme, Sartre opina lo contrario: podemos y debemos respetar la libertad de otros; “No puedo hacer de mi propia libertad mi finalidad a menos que haga de la libertad de otros mi finalidad”. 

     En el mismo argumento introduce la noción de comunidad que había rechazado previamente. Aquí Sartre trata de explicar la visión de que la libertad es el fundamento de todos los valores, lo cual –simplemente- significa: “que las acciones de los hombres de buena fe tienen, como su sentido final, la búsqueda de la libertad misma como tal. Un hombre que pertenece a alguna sociedad comunista o revolucionaria desea ciertos fines concretos, que implican el deseo por la libertad, pero que la libertad es deseada en comunidad. Deseamos la libertad por la libertad misma, en y a través de circunstancias particulares. Y al así desear la libertad, descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los otros, y que la libertad de los otros depende de nuestra propia libertad”.

     El socialista pensante que era Sartre (contrastando con los “socialistas” no pensantes del chavismo) ligaba este punto de la interdependencia de la libertad con compromiso: “una vez que hay compromiso estoy obligado a desear la libertad de los otros al mismo tiempo que la mía”. Porque cuando un hombre escoge la libertad para sí mismo, la escoge para todos los hombres, ya que el propio acto de elegir y preferir confiere valor a algo; y al así crear valor, el hombre actúa en presencia de todos, como responsable ante todos.

     El autoengaño del chavismo causa angustia, abandono y desesperación porque no elige la libertad como un compromiso de todos, y a través de “controles” quieren decidir por todos, obviando el significado profundo y concreto de su responsabilidad. Así es que disfrazan su angustia o se alejan de ella, sin comprometerse con nada ni con nadie excepto con ellos mismos.

     La contradicción que está en el centro de L’Etre et le néant es que trata de sostener al mismo tiempo que los hombres son completamente libres y también que las relaciones con otros deben tomar una o dos formas muy limitadas y definidas. Y esto es muy ilógico. Porque si la teoría sartreana de las relaciones humanas es cierta, el hombre no puede ser enteramente libre; si fuera cierta no habría espacio para la conversión, “radical” o de cualquier tipo.

    Sin embargo, Sartre buscó la conversión, primero hacia la literatura y las relaciones personales para entrar en la esfera general de la política y la sociología. Dejó luego de escribir novelas y acentuó su producción de obras de teatro, cuyo trabajo se diferencia del novelista. El novelista se concentra en el análisis y la interioridad de la experiencia humana; habla como un hombre a un lector. El método del dramaturgo es dialéctico en vez de analítico. El dramaturgo se dirige a una especie de asamblea pública, su audiencia. La audiencia debe poner su propia interioridad en lo que ve y oye; es además un medio más efectivo para la expresión de ideas políticas; y aquí Sartre acuñó el término “literatura comprometida”, implicando el postulado existencial de que cada hombre es el creador de sus valores morales. Obviamente, el término significaba también “comprometida con el socialismo”, como si otro tipo de compromiso no pudiera ser genuino. 

    En la propia intensidad de su socialismo, Sartre reconoció su évasion, alejándose de las contradicciones de su análisis de las relaciones personales hacia una filosofía que no cuenta con los individuos sino con las masas. Sartre se fue haciendo más y más marxista con el tiempo, pero su existencialismo permaneció, no como un “nihilismo burgués” -como afirmó el marxista Lukács- sino en su afirmación de que el escritor debe ser libre para decir lo que desea y para un público que también debe ser libre para cambiar su estructura:

     “Así en una sociedad sin clases, sin dictaduras y sin estabilidad, la literatura terminaría haciéndose consciente de sí misma; entendería que forma y contenido, público y sujeto, son idénticos; que la libertad formal de decir y la libertad material de hacer se completan a sí mismas; que mejor manifiesta la subjetividad de la persona cuando traduce las más profundas necesidades colectivas y –recíprocamente- su función de expresar lo concreto universal a la concreto universal, y que su fin es apelar a la libertad de los hombres para que puedan realizar y mantener el reino de la libertad humana.”

lunes, 8 de agosto de 2016

EXISTENCIA Y COMUNICACION, PERDIDAS PARA EL CHAVISMO


Existe un abismo radical entre el modo dogmático y el comunicativo, ya que quien afirma una “verdad” como generalmente válida para todos los hombres se pone con ello a favor de la falsedad; “Cada forma tiene que fracasar en el mundo, ninguna puede imponerse como la verdad sin más”. Jaspers tampoco pudo prescindir del concepto de una verdad objetiva, y se esfuerza por ella. Como si del chavismo tratara, habla de la carencia ordinaria de los hombres, incluso del positivamente malo que no quiere escuchar, rechaza razones, rompe la comunicación, disimulando constantemente y desconociendo la verdad.

EXISTENCIA Y COMUNICACION, 
PERDIDAS PARA EL CHAVISMO
-Alberto Rodríguez Barrera-

     En el pluralismo importa la empírea humana en general, eso es: la experiencia de todas las naciones y estados; la consideración de valores indispensables para mantener la paz y conservación humana: fe en los derechos básicos del hombre, en la dignidad y valor de la persona humana, en la igualdad de derechos, en un mejor nivel de vida dentro de una libertad mayor. Ello implica tolerancia y solidaridad, intrínsecas a la filosofía del pluralismo, que se extienden a los valores negativos (no intervención, no agresión) y a los valores positivos (respeto y mejoramiento de la vida de los pueblos). Existen medidas empíricamente reconocidas de la sociedad internacional. Estamos frente a grandes incertidumbres y peligros, errores basados en una ceguera, que requieren de urgentes correcciones para despejar el suelo pantanoso con evidencias.
     Es un deber humano dar al hombre – a la colectividad- asomos de seguridad en las situaciones límite que se nos presentan, cosa que se reconoce de la filosofía: es una gran maestra infatigable de la humanidad, que no debe reservarse a especialistas o universidades y que debe salir al pueblo. El existencialista Jaspers creía que la filosofía era un proceso original central de la existencia humana, un acontecimiento auténtico para la búsqueda de la verdad en la totalidad del ser, que capta al hombre tocándolo más a fondo que a cualquier conocimiento científico. La razón y el entendimiento obtenidos en el pasado no ameritan el absurdo completamente inusitado que invade al presente.

     La comunicación de hoy anhela esclarecimiento de la existencia. Jaspers decía que la “existencia es lo que nunca se vuelve objeto; es el origen, a partir del cual yo pienso y actúo, sobre el que hablo en secuencia de ideas que no son conocimiento de algo; existencia es lo que se refiere a sí mismo y en ello a su trascendencia”. Tal esclarecimiento de la existencia no se hace sólo por el saber. La existencia debe realizarse en una unión existencial y solidaria; nadie puede ser feliz solo; se necesita la unión de las almas a través de la comunicación. Se trata de una lucha amorosa de comunicación recíproca, del trato social.

     A diferencia del chavismo, el hombre existencial está siempre en camino, no aferrándose a verdades, conceptos y sistemas dogmáticos, ya que está constantemente abierto y dispuesto a aprender, considerando todos los puntos de vista, siempre consciente de que no hay verdades definitivas. Tal relativismo implica que el hombre es una obra fragmentaria, llena de enigmas, al que sólo se le puede conocer por medio de símbolos o cifras. Según Jaspers la cifra más importante es el ser en el fracaso de las situaciones límites, como en la muerte, la tragedia culpable, en la lucha y el sufrimiento. Y cuando el hombre sólo lee símbolos enigmáticos, esas cifras nunca llegan a un final, llega a los límites de su potencia, de manera semejante en Heidegger y Sartre.

     Jaspers es un precursor en el camino de la reflexión esencial de la humanidad, de regreso a la metafísica, la verdadera filosofía (según Kant), y su filosofía de la existencia continúa a Pascal, Kant, Kierkegaard y Nietzsche, pero habla no solamente de la realidad de este existir como subjetividad de un ser sí mismo, sino también del ser original trascendente que nos libre de la superstición. Son ideas y espacios que permanecen abiertos para ser llenados en la existencia, de contenido único y actual: “Son como una música que cautiva, pero deja posibilidad a toda libertad”; que entienden mitos, arte, poesía, y revela trascendencias, aprehendiendo lo que es superior, creadora de construcciones comprensibles. 

     Jaspers: “La verdad no es de una sola especie, no es una ni única. Tiene un sentido múltiple según el modo de la comunicación en que se presenta”. La verdad no se puede desligar de su comunicabilidad; no se encuentra en lo que ya se sabe sino en lo que surge y resulta; debe ser la autenticidad del punto de vista. Por ello, para la continuidad del existir, hay que desarrollar el arte de hablar más con otros...

     Existe un abismo radical entre el modo dogmático y el comunicativo, ya que quien afirma una “verdad” como generalmente válida para todos los hombres se pone con ello a favor de la falsedad; “Cada forma tiene que fracasar en el mundo, ninguna puede imponerse como la verdad sin más”. Jaspers tampoco pudo prescindir del concepto de una verdad objetiva, y se esfuerza por ella. Como si del chavismo tratara, habla de la carencia ordinaria de los hombres, incluso del positivamente malo que no quiere escuchar, rechaza razones, rompe la comunicación, disimulando constantemente y desconociendo la verdad.

     La filosofía de la existencia está llena de contradicciones e incongruencias, como la alabanza a lo alógico, que alcanza su meta en el rompimiento de la lógica del entendimiento. En toda filosofía verdadera hay contradicciones, pero –otra vez como el chavismo- cuando la alógica y las contradicciones son declaradas sistema, se llega al fin de toda orientación razonable del mundo. Porque muchas cosas serían mejor –si no dejan la vida en suspenso- apropiándonos de la inclinación al conocimiento de la verdad, esa sagrada y gran obligación para todos los hombres de colaborar en el trabajo solidario de la humanidad. Entre los hombres y la verdad existe una relación necesaria y esencial. El concepto de la verdad se vuelve nihilista cuando ubica esta relación a nivel secundario.