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lunes, 6 de febrero de 2017

EN TORNO A LA DOBLE CARETA DEL CHAVISMO


Para el relativismo del chavismo nunca se aclaran los hechos, proliferan los errores, nada se puede cambiar, pierden en seguridad, oscilan abstractamente en lo incierto...¿Qué sentido tuvo regalarles cuidadas verdades de juventud que el destino crudo arrebató? Muchos hombres conservan sus verdades de juventud por toda una vida. No experimentan la insatisfacción infinita de Jaspers (o el chavismo); existir no siempre es equívoco para todos; tampoco el “esclarecimiento de la existencia” lleva más adelante, sólo es un intento enigmático que termina (según Jaspers mismo) en fracaso, cosa que el hombre sano no quiere... ¿qué esperan mis opositores, un dogma, un caudillo, un dictador? ¿Se quieren deshacer de la libertad a favor de la obediencia?


EN TORNO A LA DOBLE CARETA DEL CHAVISMO
-Alberto Rodríguez Barrera-

     El hombre es más de lo que se expresa en el existir masivo del aparato tecnológico actual. Está la persistencia de la autoridad de los poderes espirituales, de la tensión entre libertad y autoridad: “Por eso el ser autónomo quiere los poderes conservadores, contra los cuales primero tiene que volver en sí cada vez como individuo” (Jaspers). Como en el ir y venir del chavismo, los valores históricos, tradicionales y objetivos primero son reconocidos –aunque tal formulación no es consistente- y luego son desechados de nuevo en un exceso de frases de abstracción vaga que sólo entregan piedras en vez de pan.

     También en Jaspers estaba el prejuicio contra las iglesias; dijo que a ellas no les importaba nada la libertad; luego dijo que la iglesia es una condición de la existencia y “tradición de la libertad que continuamente surge”. Entre contradicciones sobrevive una magia hueca que se esfuerza por la verdad y la veracidad, que busca soluciones a candentes cuestiones humanas sin ver que preparan únicamente al fracaso; visión desconsoladora en una época desconsoladora. Tras las Guerras Mundiales y la bomba atómica, Jaspers vio el rotundo fracaso político de lo militar; “En lo filosófico me quedaba la tarea de explicarme las precondiciones morales de la política y sus condiciones reales... en el punto de vista anticipado del ciudadano del mundo”.

     Creyendo que sin regreso la vida del hombre está perdida y que el que siga viviendo como hasta ahora no ha entendido lo que amenaza, reflexionó inusitadamente objetivo: recalcó que el relativismo y el escepticismo no sirven para nada y habló del restablecimiento de las categorías eternas de los buenos derechos humanos, solidaridad... Veía dos caminos: la destrucción humana por la bomba atómica o por el totalitarismo; “El totalitarismo puede transformarse y destruirse a sí mismo desde adentro. La existencia humana puede asir nuevamente la libertad y en ella sus posibilidades”. Habla de un regreso imprescindible a partir de la libertad.

     Pero el relativismo de Jaspers enseña que no quiere ligarse a algo absoluto desde el punto de vista del conocimiento, luego moralmente, ni siquiera por la proposición evidente 2 X 2 = 4; halaga la “soberanía” del espíritu subjetivo existencial, dependiente de sí mismo solamente...¿Se puede tener al relativismo como verdadero cuando declara que todo es relativo, hasta su propio dogma? ¿No se basa todo conocimiento en un estado de cosas, en el ser que encontramos y que, por tanto, no todo individuo encuentra de nuevo para sí, como quieren hacer ver relativistas y existencialistas?

     Para el relativismo del chavismo nunca se aclaran los hechos, proliferan los errores, nada se puede cambiar, pierden en seguridad, oscilan abstractamente en lo incierto...¿Qué sentido tuvo regalarles cuidadas verdades de juventud que el destino crudo arrebató? Muchos hombres conservan sus verdades de juventud por toda una vida. No experimentan la insatisfacción infinita de Jaspers (o del chavismo); existir no siempre es equívoco para todos; tampoco el “esclarecimiento de la existencia” lleva más adelante, sólo es un intento enigmático que termina (según Jaspers mismo) en fracaso, cosa que el hombre sano no quiere, porque quiere que se le reconozca en sus realizaciones, cree en su capacidad y fuerza, y no a lo que Jaspers llama “debilidad de la razón”; el hombre sano quiere dominar la vida, no se puede consumir en la aceptación y en la pasividad. A estos reproches Jaspers sólo devolvía preguntas: ¿qué esperan mis opositores, un dogma, un caudillo, un dictador? ¿Se quieren deshacer de la libertad a favor de la obediencia? ¿Quieren tener ante sí a Dios en forma de instancias humanas para poder creer ciegamente en éstas?

     Tanto ayer como hoy la discusión sobre el relativismo ha sido infructuosa; promulga un único dogma: todo fluye, todo está en movimiento, todo oscila. Pero Jaspers mismo no creía en eso; de ahí la inclinación a destruirse a sí mismo y a la filosofía relacional con él. Pero existe algo firme, un apoyo al que podemos aferrarnos; existe una primera verdad, un primer valor que el hombre pensante debe poner en la cumbre de su existencia, sea igualdad, voluntad de Dios o razón humana... Está en la tabla de valores máximos del siglo XX (de A. Brecht); no todos los valores se pueden derivar y comprender a partir de un primer valor, pero sucede que no sólo existe algo amplio, sino algo que une, porque como decía Husserl, ninguna verdad se da de manera aislada, ya que siempre aparece asociada con otras verdades, unida por relaciones de causa y efecto; y todo conocimiento auténtico se basa en la evidencia.

     Jaspers: “La evidencia pertenece a la esencia del entendimiento como función de la captación de la exactitud temporal de lo universalmente válido”. Es una frase que también Aristóteles pudo haber escrito, pero éste no era ningún Platón o Heráclito o Jaspers. Y Aristóteles no estaba ni está solo en su tesis del ser de verdades evidentes. Toda la filosofía clásica, la tradicional, las profesa. Sólo a ciertos sofistas y a sus sucesores les fue reservado hablar de una verdad doble y descubrir las verdades evidentes. Tampoco es una solución de las dificultades señaladas del relativismo desplazar la contrariedad existencial a la divinidad para hacerla responsable por la verdad doble supuestamente existente; ni Jaspers deseaba poner a Dios como un embustero...

miércoles, 10 de agosto de 2016

LA RUINA DEL YO



Aun cuando no se tiene seguridad de que todo pueda ser conocido, debemos partir de ahí. Es arrogancia partir sólo del yo para conocer todo ser. El ser es en todas las circunstancias el concepto “que abarca todo, y por tanto, también el conocimiento” (Wundt). 
Jaspers –al igual que el chavismo- no reconoció esta simple verdad. De ahí su fracaso, su encallar en la realidad, su fuga hacia las situaciones límites, que integran la plenitud de la realidad humana, pero no lo son todo... “Pensar en un mundo de incredulidad perfecta en el que los hombres-máquinas se han perdido a sí mismos y han perdido su divinidad... esto sólo es posible formalmente sólo un instante. Así como repugna a la dignidad interna e insondable del hombre pensar que muere como si no hubiese sido nada, así también la libertad, la fe, la autonomía caerían en la ruina precisamente como sucedería con un aparato técnico”. 

LA RUINA DEL YO 
-Alberto Rodríguez Barrera- 

     La filosofía de Jaspers oscila en constante angustia e inseguridad, ya que se ocupa de excepciones y situaciones límites surgidas subjetivamente y que siempre surgen de nuevo porque la situación del mundo cambia continuamente y el hombre se ve obligado siempre a examinar de nuevo su existencia para adaptarse a las nuevas circunstancias que exigen una nueva realidad. (Esta angustia e inseguridad en el chavismo lleva a la improvisación constante, enseñando estoicamente la inflexibilidad de su desvío.) Su concepto de la verdad es relativo, basado en una alógica cuya fundamentación tendría que terminar en el nihilismo. Inicialmente intentó llegar a una posición firme del hombre en su existencia incierta, rechazó el nihilismo pensando que el pensamiento filosófico lo traspasa y significa la liberación hacia el ser propiamente dicho.

     “Nosotros los hombres jamás somos bastante para nosotros mismos. Pugnamos para ir más allá, y nos hacemos cada vez más nosotros mismos con la profundidad de nuestra consciencia de Dios, a través de la cual nos volvemos al propio tiempo transparentes para nosotros mismos en nuestro ser nada.” Jaspers formula un concepto de fe filosófica: Dios ayuda a la unidad del ser que se sabe radicalmente dependiente; pero no quiere saber nada de sacerdotes. 

     En épocas decadentes (como la del chavismo presente) se elige como leit-motiv la oscilación de todos los modos de la realidad; y Jaspers considera el carácter de las imágenes del mundo sólo perspectivas relativas, aceptando el carácter del conocimiento como algo de pura interpretación: ningún ser conocido es el ser en sí y en total. Nuevamente es la inseguridad y angustia ante el conocimiento objetivo del ser; porque esta época no ofrece ninguna salida; no se puede crear ninguna gran obra “como en la época de Lao-tse, de los presocráticos...”

     Jaspers: “Hoy día la intención de crear obras acabadas parece vana... En lugar de encontrar vida en el origen y hacerla hablar en la obra, se logran... hechuras de un acabado peculiar, a través de las cuales habla un hallazgo de lo simple, una construcción sin costura, un lenguaje bien formado, pero que se vuelven dudosas por la pretensión de validez autónoma de esa obra tal. La oposición a la falta de forma de las futilidades presentes es buena, por eso también lo que sucede aquí, porque nada recuerda y previene”. 

     El chavismo ha caído en la tentación de confiarse completamente a su propio “yo” (con el perdón de Descartes y otros) sin tomar en consideración la cadencia, tan importante y esencial, de la realidad universal del mundo, el análisis del ser objetivo y tan a menudo completamente estático. En la filosofía Kant antepuso la teoría del conocimiento a la teoría del ser, pero no captó que todo o lo referente al conocimiento presuponen ya cuestiones respecto al ser.

     “La filosofía puede convertirse en la tentación de la evasión”, escribió Jaspers, y sucumbió a esta tentación. Y en el chavismo –como en el filósofo- vemos lo típicamente evasivo, un claro relativismo que ve las dificultades existentes y las rodea con mucho “arte”, “poetizando”, porque tiene miedo de sí mismo y de toda verdad objetiva. 

     “La mayoría de los pensadores modernos, ¿no eran todos tan temerosos? ¿No se podía contar con todos ellos, a la defensiva contra la existencia masiva, injustamente sólo para su propio yo? ¿Por qué juraban sobre su subjetividad angustiosamente convulsa un Kierkegaard, un Nietzsche, un Jaspers? Porque con nuestra época enferma ellos mismos se habían enfermado y no pudieron alcanzar el espíritu de la comunidad con el ‘saber’ fundamental del que Jaspers habla” (F. Friedrich Sauer).

     Kierkegaard acuñó la orgullosa pero unilateralmente enferma frase “Existir significa ante todo ser un individuo” y así puso toda decisión en la subjetividad personal que ya según otros principios modernos (los democráticos) no debería dar ninguna decisión. Jaspers (como el chavismo) no quiere saber nada de verdades eternas. Estas pertenecen, cuando más, a la masa que no puede pensar y que por eso no tiene importancia. ¡Qué gran dificultad de la filosofía de la existencia en llegar a un orden objetivo, universalmente válido, a partir de un concepto subjetivo de la verdad! Así el relativismo, “que permite que todo tenga validez como es, parece ser la inevitable consecuencia (Welzel). 

     Aun cuando no se tiene seguridad de que todo pueda ser conocido, debemos partir de ahí. Es arrogancia partir sólo del yo para conocer todo ser. El ser es en todas las circunstancias el concepto “que abarca todo, y por tanto, también el conocimiento” (Wundt). 

     Jaspers –al igual que el chavismo- no reconoció esta simple verdad. De ahí su fracaso, su encallar en la realidad, su fuga hacia las situaciones límites, que integran la plenitud de la realidad humana, pero no lo son todo. 

     Pero Jaspers dijo palabras magníficas y verdaderas como profundo conocedor de nuestro tiempo; alegó que “la incredulidad del hombre no era posible”: “Pensar en un mundo de incredulidad perfecta en el que los hombres-máquinas se han perdido a sí mismos y han perdido su divinidad... esto sólo es posible formalmente sólo un instante. Así como repugna a la dignidad interna e insondable del hombre pensar que muere como si no hubiese sido nada, así también la libertad, la fe, la autonomía caerían en la ruina precisamente como sucedería con un aparato técnico”.

martes, 9 de agosto de 2016

LA DOBLE CARETA DEL CHAVISMO


Para el relativismo del chavismo nunca se aclaran los hechos, proliferan los errores, nada se puede cambiar, pierden en seguridad, oscilan abstractamente en lo incierto...¿Qué sentido tuvo regalarles cuidadas verdades de juventud que el destino crudo arrebató? Muchos hombres conservan sus verdades de juventud por toda una vida. No experimentan la insatisfacción infinita de Jaspers (o el chavismo); existir no siempre es equívoco para todos; tampoco el “esclarecimiento de la existencia” lleva más adelante, sólo es un intento enigmático que termina (según Jaspers mismo) en fracaso, cosa que el hombre sano no quiere, porque quiere que se le reconozca en sus realizaciones, cree en su capacidad y fuerza, y no a lo que Jaspers llama “debilidad de la razón”; el hombre sano quiere dominar la vida, no se puede consumir en la aceptación y en la pasividad. A estos reproches Jaspers sólo devolvía preguntas: ¿qué esperan mis opositores, un dogma, un caudillo, un dictador? ¿Se quieren deshacer de la libertad a favor de la obediencia? ¿Quieren tener ante sí a Dios en forma de instancias humanas para poder creer ciegamente en éstas?


LA DOBLE CARETA DEL CHAVISMO

-Alberto Rodríguez Barrera- 

     El hombre es más de lo que se expresa en el existir masivo del aparato tecnológico actual. Está la persistencia de la autoridad de los poderes espirituales, de la tensión entre libertad y autoridad: “Por eso el ser autónomo quiere los poderes conservadores, contra los cuales primero tiene que volver en sí cada vez como individuo” (Jaspers). Como en el ir y venir del chavismo, los valores históricos, tradicionales y objetivos primero son reconocidos –aunque tal formulación no es consistente- y luego son desechados de nuevo en un exceso de frases de abstracción vaga que sólo entregan piedras en vez de pan.

     También en Jaspers estaba el prejuicio contra las iglesias; dijo que no les importaba nada la libertad; luego dijo que la iglesia es una condición de la existencia y “tradición de la libertad que continuamente surge”. Entre contradicciones sobrevive una magia hueca que se esfuerza por la verdad y la veracidad, que busca soluciones a candentes cuestiones humanas sin ver que preparan únicamente al fracaso; visión desconsoladora en una época desconsoladora. Tras las Guerras Mundiales y la bomba atómica, Jaspers vio el rotundo fracaso político de lo militar; “ En lo filosófico me quedaba la tarea de explicarme las precondiciones morales de la política y sus condiciones reales... en el punto de vista anticipado del ciudadano del mundo”.

     Creyendo que sin regreso la vida del hombre está perdida y que el que siga viviendo como hasta ahora no ha entendido lo que amenaza, reflexionó inusitadamente objetivo: recalcó que el relativismo y el escepticismo no sirven para nada y habló del restablecimiento de las categorías eternas de los buenos derechos humanos, solidaridad... Veía dos caminos: la destrucción humana por la bomba atómica o por el totalitarismo; “El totalitarismo puede transformarse y destruirse a sí mismo desde adentro. La existencia humana puede asir nuevamente la libertad y en ella sus posibilidades”. Habla de un regreso imprescindible a partir de la libertad.

     Pero el relativismo de Jaspers enseña que no quiere ligarse a algo absoluto desde el punto de vista del conocimiento, luego moralmente, ni siquiera por la proposición evidente 2 X 2 = 4; halaga la “soberanía” del espíritu subjetivo existencial, dependiente de sí mismo solamente...¿Se puede tener al relativismo como verdadero cuando declara que todo es relativo, hasta su propio dogma? ¿No se basa todo conocimiento en un estado de cosas, en el ser que encontramos y que, por tanto, no todo individuo encuentra de nuevo para sí, como quieren hacer ver relativistas y existencialistas? 

     Para el relativismo del chavismo nunca se aclaran los hechos, proliferan los errores, nada se puede cambiar, pierden en seguridad, oscilan abstractamente en lo incierto...¿Qué sentido tuvo regalarles cuidadas verdades de juventud que el destino crudo arrebató? Muchos hombres conservan sus verdades de juventud por toda una vida. No experimentan la insatisfacción infinita de Jaspers (o el chavismo); existir no siempre es equívoco para todos; tampoco el “esclarecimiento de la existencia” lleva más adelante, sólo es un intento enigmático que termina (según Jaspers mismo) en fracaso, cosa que el hombre sano no quiere, porque quiere que se le reconozca en sus realizaciones, cree en su capacidad y fuerza, y no a lo que Jaspers llama “debilidad de la razón”; el hombre sano quiere dominar la vida, no se puede consumir en la aceptación y en la pasividad. A estos reproches Jaspers sólo devolvía preguntas: ¿qué esperan mis opositores, un dogma, un caudillo, un dictador? ¿Se quieren deshacer de la libertad a favor de la obediencia? ¿Quieren tener ante sí a Dios en forma de instancias humanas para poder creer ciegamente en éstas?
     Tanto ayer como hoy la discusión sobre el relativismo ha sido infructuosa; promulga un único dogma: todo fluye, todo está en movimiento, todo oscila. Pero Jaspers mismo no creía en eso; de ahí la inclinación a destruirse a sí mismo y a la filosofía relacional con él. Pero existe algo firme, un apoyo al que podemos aferrarnos; existe una primera verdad, un primer valor que el hombre pensante debe poner en la cumbre de su existencia, sea igualdad, voluntad de Dios o razón humana... Está en la tabla de valores máximos del siglo XX (de A. Brecht); no todos los valores se pueden derivar y comprender a partir de un primer valor, pero sucede que no sólo existe algo amplio, sino algo que une, porque como decía Husserl, ninguna verdad se da de manera aislada, ya que siempre aparece asociada con otras verdades, unida por relaciones de causa y efecto; y todo conocimiento auténtico se basa en la evidencia.
     Jaspers: “La evidencia pertenece a la esencia del entendimiento como función de la captación de la exactitud temporal de lo universalmente válido”. Es una frase que también Aristóteles pudo haber escrito, pero éste no era ningún Platón o Heráclito o Jaspers. Y Aristóteles no estaba ni está solo en su tesis del ser de verdades evidentes. Toda la filosofía clásica, la tradicional, las profesa. Sólo a ciertos sofistas y a sus sucesores les fue reservado hablar de una verdad doble y descubrir las verdades evidentes. Tampoco es una solución de las dificultades señaladas del relativismo desplazar la contrariedad existencial a la divinidad para hacerla responsable por la verdad doble supuestamente existente; ni Jaspers deseaba poner a Dios como un embustero... 

lunes, 8 de agosto de 2016

EXISTENCIA Y COMUNICACION, PERDIDAS PARA EL CHAVISMO


Existe un abismo radical entre el modo dogmático y el comunicativo, ya que quien afirma una “verdad” como generalmente válida para todos los hombres se pone con ello a favor de la falsedad; “Cada forma tiene que fracasar en el mundo, ninguna puede imponerse como la verdad sin más”. Jaspers tampoco pudo prescindir del concepto de una verdad objetiva, y se esfuerza por ella. Como si del chavismo tratara, habla de la carencia ordinaria de los hombres, incluso del positivamente malo que no quiere escuchar, rechaza razones, rompe la comunicación, disimulando constantemente y desconociendo la verdad.

EXISTENCIA Y COMUNICACION, 
PERDIDAS PARA EL CHAVISMO
-Alberto Rodríguez Barrera-

     En el pluralismo importa la empírea humana en general, eso es: la experiencia de todas las naciones y estados; la consideración de valores indispensables para mantener la paz y conservación humana: fe en los derechos básicos del hombre, en la dignidad y valor de la persona humana, en la igualdad de derechos, en un mejor nivel de vida dentro de una libertad mayor. Ello implica tolerancia y solidaridad, intrínsecas a la filosofía del pluralismo, que se extienden a los valores negativos (no intervención, no agresión) y a los valores positivos (respeto y mejoramiento de la vida de los pueblos). Existen medidas empíricamente reconocidas de la sociedad internacional. Estamos frente a grandes incertidumbres y peligros, errores basados en una ceguera, que requieren de urgentes correcciones para despejar el suelo pantanoso con evidencias.
     Es un deber humano dar al hombre – a la colectividad- asomos de seguridad en las situaciones límite que se nos presentan, cosa que se reconoce de la filosofía: es una gran maestra infatigable de la humanidad, que no debe reservarse a especialistas o universidades y que debe salir al pueblo. El existencialista Jaspers creía que la filosofía era un proceso original central de la existencia humana, un acontecimiento auténtico para la búsqueda de la verdad en la totalidad del ser, que capta al hombre tocándolo más a fondo que a cualquier conocimiento científico. La razón y el entendimiento obtenidos en el pasado no ameritan el absurdo completamente inusitado que invade al presente.

     La comunicación de hoy anhela esclarecimiento de la existencia. Jaspers decía que la “existencia es lo que nunca se vuelve objeto; es el origen, a partir del cual yo pienso y actúo, sobre el que hablo en secuencia de ideas que no son conocimiento de algo; existencia es lo que se refiere a sí mismo y en ello a su trascendencia”. Tal esclarecimiento de la existencia no se hace sólo por el saber. La existencia debe realizarse en una unión existencial y solidaria; nadie puede ser feliz solo; se necesita la unión de las almas a través de la comunicación. Se trata de una lucha amorosa de comunicación recíproca, del trato social.

     A diferencia del chavismo, el hombre existencial está siempre en camino, no aferrándose a verdades, conceptos y sistemas dogmáticos, ya que está constantemente abierto y dispuesto a aprender, considerando todos los puntos de vista, siempre consciente de que no hay verdades definitivas. Tal relativismo implica que el hombre es una obra fragmentaria, llena de enigmas, al que sólo se le puede conocer por medio de símbolos o cifras. Según Jaspers la cifra más importante es el ser en el fracaso de las situaciones límites, como en la muerte, la tragedia culpable, en la lucha y el sufrimiento. Y cuando el hombre sólo lee símbolos enigmáticos, esas cifras nunca llegan a un final, llega a los límites de su potencia, de manera semejante en Heidegger y Sartre.

     Jaspers es un precursor en el camino de la reflexión esencial de la humanidad, de regreso a la metafísica, la verdadera filosofía (según Kant), y su filosofía de la existencia continúa a Pascal, Kant, Kierkegaard y Nietzsche, pero habla no solamente de la realidad de este existir como subjetividad de un ser sí mismo, sino también del ser original trascendente que nos libre de la superstición. Son ideas y espacios que permanecen abiertos para ser llenados en la existencia, de contenido único y actual: “Son como una música que cautiva, pero deja posibilidad a toda libertad”; que entienden mitos, arte, poesía, y revela trascendencias, aprehendiendo lo que es superior, creadora de construcciones comprensibles. 

     Jaspers: “La verdad no es de una sola especie, no es una ni única. Tiene un sentido múltiple según el modo de la comunicación en que se presenta”. La verdad no se puede desligar de su comunicabilidad; no se encuentra en lo que ya se sabe sino en lo que surge y resulta; debe ser la autenticidad del punto de vista. Por ello, para la continuidad del existir, hay que desarrollar el arte de hablar más con otros...

     Existe un abismo radical entre el modo dogmático y el comunicativo, ya que quien afirma una “verdad” como generalmente válida para todos los hombres se pone con ello a favor de la falsedad; “Cada forma tiene que fracasar en el mundo, ninguna puede imponerse como la verdad sin más”. Jaspers tampoco pudo prescindir del concepto de una verdad objetiva, y se esfuerza por ella. Como si del chavismo tratara, habla de la carencia ordinaria de los hombres, incluso del positivamente malo que no quiere escuchar, rechaza razones, rompe la comunicación, disimulando constantemente y desconociendo la verdad.

     La filosofía de la existencia está llena de contradicciones e incongruencias, como la alabanza a lo alógico, que alcanza su meta en el rompimiento de la lógica del entendimiento. En toda filosofía verdadera hay contradicciones, pero –otra vez como el chavismo- cuando la alógica y las contradicciones son declaradas sistema, se llega al fin de toda orientación razonable del mundo. Porque muchas cosas serían mejor –si no dejan la vida en suspenso- apropiándonos de la inclinación al conocimiento de la verdad, esa sagrada y gran obligación para todos los hombres de colaborar en el trabajo solidario de la humanidad. Entre los hombres y la verdad existe una relación necesaria y esencial. El concepto de la verdad se vuelve nihilista cuando ubica esta relación a nivel secundario. 


jueves, 4 de agosto de 2016

LA ESTRECHEZ MENTAL DEL CHAVISMO


La unilateralidad y los errores suceden porque en la voluntad de oscurecimiento se distorsiona la existencia humana; Heidegger constreñía en el papel la angustia y el temor y el cuidado o cura y el sufrimiento y la culpa; de tal manera que, finalmente, él mismo abandonaba su existencia libre para extinguirse en una muerte lúgubre y llena de angustia. Lo que se le reprocha es la pérdida del justo medio, del equilibrio, del buen orden de la vida humana.


LA ESTRECHEZ MENTAL DEL CHAVISMO 
-Alberto Rodríguez Barrera-

     Cuando se trata del ser general y sus partes trascendentes (ontología), que en Heidegger no llega a ningún lado aunque exige un pensamiento enteramente nuevo porque el de hasta ahora ha fracasado por completo, pretender ofrecer una doctrina que incluso supere a los antiguos griegos no puede fundamentarse en un rompimiento entre el ser y el espíritu, en un juego poético para embellecer los problemas sólo con palabras, a menudo incomprensibles. Los sociólogos particularmente no aprecian el "peloteo del ser", ingeniosamente llamando a la historia de la filosofía una sucesión de juegos de palabras sobre la palabra "ser". Es difícil trabajar universalmente el análisis del ser -igual para todos los hombres- sin comprender que el hombre es el mismo en todas partes, una "lengua" en la "iluminación del ser".

   Heidegger, como la ejecución del conocimiento en el chavismo, no pasa de principios deficientes, de la antesala ontológica. Si quiere algo más estricto, hay que conducir a mejores resultados. Un nuevo pensamiento político debe aportar algo; que "el ser es él mismo" es muy poco para la jactancia; que del ser mismo debería provenir "la indicación de aquellas instrucciones que deberían convertirse en ley y regla para el hombre" no quiere decir nada si se trata de un ser indiferente que bordea el nihilismo con despreocupación y distancia interior.
     La unilateralidad y los errores suceden porque en la voluntad de oscurecimiento se distorsiona la existencia humana; Heidegger constreñía en el papel la angustia y el temor y el cuidado o cura y el sufrimiento y la culpa; de tal manera que, finalmente, él mismo abandonaba su existencia libre para extinguirse en una muerte lúgubre y llena de angustia. Lo que se le reprocha es la pérdida del justo medio, del equilibrio, del buen orden de la vida humana.

     El error es una concepción falsa de la vida; negar una realidad sana y vigorosa que desde tiempos antiguos unió el ser y la verdad; permanecer aferrado a una temporalidad infecunda; escepticismo, negación del ser. La fama se fundamenta en una ornamentación del ser, combinaciones y acrobacias al ser comparables con los juegos de palabras de algunos místicos. ¿Cómo -en una época indigente- puede arreglárselas de otro modo quien ha caído de la fe de los padres y en un atrevimiento cree que debe trastornar lo anterior; cómo puede liberarse de la falta de espíritu de este tiempo cuando dice: "Toda valoración es también allí donde valora positivamente, una subjetivacion"? "El que relativiza de esa manera y al mismo tiempo pretende ser un revolucionario del espíritu se enreda primeramente en la autonomía de un Nietzsche y finalmente fracasa por entero, porque malgasta innecesariamente sus esfuerzos para liberarse de su embrollo." (E. Friedrich Bauer.)

     El nihilista no quiere ningún apoyo, ningún soporte de nada, pero el hombre no puede existir sin la afirmación de posibilidades, sin una realidad cualquiera, aunque sea la del pan cotidiano. ¿De qué le sirve, entonces, la orgullosa autoconsciencia y su voluntad de reformar al mundo por medio de categorías propias?

     La filosofía de la existencia expresa una gran desilusión para la cultura y la ciencia modernas, pero la costumbre de traducir palabras e ideas antiguas para penetrar su sentido arcaico resulta trágica al constatar cuán poco sale de ahí: resultados indigentes en un tiempo indigente. "El reverso de los esfuerzos de Heidegger por una reapropiación original del pensamiento y habla iniciales de los griegos es la degradación y supresión de todo el lenguaje y la concepción filosóficos de la Edad Media" (K. Lowith.) La ética, la cultura y la humanidad ya no son "intereses serios" cuando se abandona a la razón; se es entonces "pastor del ser", y aparece la cosificación, consecuencia de la arrogancia llevada al extremo.
     El pensamiento en valores no es blasfemia contra el ser. Pensar correctamente, y no por una desilusión ilimitada, no aísla en un tiempo indigente; sí conecta al pensador sano para arrancarlo del olvido. En este camino, la filosofía es universal, nunca puede ser nacionalista; sin la metafísica no es concebible. De Eckhart a Heidegger encontramos esta línea en forma de movimiento ondulatorio que a veces encuentra signos negativos (Marx, Schopenhauer, Nietzsche); el prominente Hegel también espera la venida del Espíritu Santo al final de los tiempos, que sólo es el espíritu creador secularizado del cristianismo. Schopenhauer lucha con esta problemática y se vuelca contra Hegel, al igual que Kierkegaard. El gran buscador de Dios, Nietzsche, terminó en el fuego fatuo y la demencia. Con Scheler, Jaspers y Heidegger vemos que la liberación no nos hace señales, pero esta triple constelación podría darnos un nuevo comienzo filosófico. Toda esperanza acaecería si abandonáramos conscientemente todos los aislamientos que existen hoy en día y continuaríamos nuestra búsqueda también en otras culturas y tradiciones para superar una cierta mentalidad estrecha que pesa sobre nosotros en el presente.