jueves, 5 de enero de 2017

POLÍTICA, ENTRE LA VERDAD Y LA MENTIRA (LO QUE ES Y LO QUE NO ES)


Para evitar estas formas de degeneración gubernamental, Aristóteles proponía moderación, restricción y temperancia en cada nivel. Un hombre que actúa virtuosa y honorablemente y que ejecuta las tareas más nobles para el bienestar común puede encontrar una gran satisfacción tanto para sí mismo como para "la gente que se asigna a sí misma la parte más grande de la riqueza, honores y placeres corporales". Como total antiimperialista después de su desengaño con Alejandro el Magno, Aristóteles predica que hasta las naciones tienden a perder su virtud nacional y todas las características de su cultura cuando se sobrepasan políticamente. 

POLÍTICA, ENTRE LA VERDAD Y LA MENTIRA
(LO QUE ES Y LO QUE NO ES)
-Alberto Rodríguez Barrera-

     El lector moderno resuelve el dilema sobre las clases de esclavo y amo existente en tiempos de Aristóteles recordando que la esclavitud hizo posible el florecimiento del Helenismo en el mundo antiguo. Sin la esclavitud no hubiese existido ningún estado griego, ningún arte o ciencia griega, ningún Imperio Romano. Y sin Helenismo y el Imperio Romano, no hubiera podido ser ninguna civilización moderna. Sin la esclavitud de la antigüedad, tan necesaria como era universalmente reconocida, no podríamos estar aquí sentados, leyendo. La esclavitud en aquél período representó un gran paso adelante, un bárbaro y casi bestial medio mediante el cual el hombre se extrajo a sí mismo de entre las bestias. El lector que se preocupa con la afirmación de Aristóteles de que toda la sociedad humana debe fundamentarse sobre el principio de la esclavitud, además de preocuparse también por las intenciones del chavismo, podría igualmente reprocharle a los griegos su carencia de antibióticos y de poder nuclear.

      Pese a los límites ideológicos impuestos por la sociedad de esclavos en que Aristóteles vivía, le corresponde el duradero crédito de que reconoció la trascendencia característica de todos los sistemas políticos y sociales; de que tienen que involucrar una anterior consideración de algún principio o estándar del bien, y que la política, por tanto, presupone un sistema de ética. Este concepto, como se verá también en la Poética, se observa a través de todo el pensamiento de Aristóteles. Deja claro que no sólo cuestiones ordinariamente reconocidas como morales sino cada problema de la política es, en cada sentido real, un problema moral, una visión a la que cada filosofía científica moderna, después de siglos de preocupación con el concepto tradicional de la virtud, está lenta pero inevitablemente regresando.

     La discusión de Aristóteles de los estados ha influenciado todo el pensamiento político moderno a través de su concepto de qué constituye un buen o un mal estado. Un buen gobierno, dice, es la libertad bajo la ley. "Los gobiernos que tienen consideración por el interés común están constituidos bajo estrictos principios de justicia, y aquellos que consideran sólo el interés de los gobernantes son despóticos".

     Aunque cree que el hombre nunca logrará una forma perfecta de gobierno, Aristóteles postula tres formas de buen, o tolerable, gobierno: reino, que define como un estado en que una persona gobierna por el interés común; aristocracia, el gobierno de los mejores por el interés común; y mancomunado o de comunidad, "la más tolerable forma de gobierno", representado por la democracia constitucional de hoy, en que los ciudadanos administran el estado por el interés común (como no es el caso con el chavismo hoy).

     Todos los malos gobiernos, continúa Aristóteles, son meramente perversiones de estas tres formas básicas. Los reinos degeneran hacia tiranías cuando la monarquía se vuelca a servir sólo al interés del rey y sus satélites; las aristocracias degeneran hacia oligarquías cuando los ricos se vuelcan para gobernar en su propio interés; y hasta las mancomunidades degeneran hacia la tiranía del gobierno del vulgo, "una tiranía no menos temible que el gobierno de los pocos".

     Para evitar estas formas de degeneración gubernamental, Aristóteles proponía moderación, restricción y temperancia en cada nivel. Un hombre que actúa virtuosa y honorablemente y que ejecuta las tareas más nobles para el bienestar común puede encontrar una gran satisfacción tanto para sí mismo como para "la gente que se asigna a sí misma la parte más grande de la riqueza, honores y placeres corporales". Como total antiimperialista después de su desengaño con Alejandro el Magno, Aristóteles predica que hasta las naciones tienden a perder su virtud nacional y todas las características de su cultura cuando se sobrepasan políticamente.

     El Aristóteles de la Política es primordialmente un hombre racional, ansioso para la observación y la ponderación, creyente de que la virtud consiste no necesariamente en moralidad absoluta, pero en pensamiento razonable; y que el pensamiento razonable ocurre no sólo a alguien sentado en algún lado de la soledad, sino que también se deriva del continuo cruce-fertilización de las ideas y de una observación interminable.

     Aristóteles comprendía que el hombre contiene dentro de sí mismo las semillas del bien y del mal. Se preocupaba más por sugerir las condiciones que exaltarían el bien y reprimían el mal. Eso es quizás lo más importante que la Política nos ofrece a todos hoy: enfrentar a las cosas como son y hacer lo mejor posible para corregir los abusos. Esto es realismo, y no el más cerrado sentido platónico.

miércoles, 4 de enero de 2017

CHAVISMO, PESO DE UNA MENTALIDAD ESTRECHA


La unilateralidad y los errores suceden porque en la voluntad de oscurecimiento se distorsiona la existencia humana; Heidegger constreñía en el papel la angustia y el temor y el cuidado o cura y el sufrimiento y la culpa; de tal manera que, finalmente, él mismo abandonaba su existencia libre para extinguirse en una muerte lúgubre y llena de angustia. Lo que se le reprocha es la pérdida del justo medio, del equilibrio, del buen orden de la vida humana.
El error es una concepción falsa de la vida...


CHAVISMO, PESO DE UNA MENTALIDAD ESTRECHA
-Alberto Rodríguez Barrera- 

     Cuando se trata del ser general y sus partes trascendentes (ontología), que en Heidegger no llega a ningún lado aunque exige un pensamiento enteramente nuevo porque el de hasta ahora ha fracasado por completo, pretender ofrecer una doctrina que incluso supere a los antiguos griegos no puede fundamentarse en un rompimiento entre el ser y el espíritu, en un juego poético para embellecer los problemas sólo con palabras, a menudo incomprensibles. Los sociólogos particularmente no aprecian el "peloteo del ser", ingeniosamente llamando a la historia de la filosofía una sucesión de juegos de palabras sobre la palabra "ser". Es difícil trabajar universalmente el análisis del ser -igual para todos los hombres- sin comprender que el hombre es el mismo en todas partes, una "lengua" en la "iluminación del ser".

     Heidegger, como la ejecución del conocimiento en el chavismo, no pasa de principios deficientes, de la antesala ontológica. Si quiere algo más estricto, hay que conducir a mejores resultados. Un nuevo pensamiento político debe aportar algo; que "el ser es él mismo" es muy poco para la jactancia; que del ser mismo debería provenir "la indicación de aquellas instrucciones que deberían convertirse en ley y regla para el hombre" no quiere decir nada si se trata de un ser indiferente que bordea el nihilismo con despreocupación y distancia interior.

     La unilateralidad y los errores suceden porque en la voluntad de oscurecimiento se distorsiona la existencia humana; Heidegger constreñía en el papel la angustia y el temor y el cuidado o cura y el sufrimiento y la culpa; de tal manera que, finalmente, él mismo abandonaba su existencia libre para extinguirse en una muerte lúgubre y llena de angustia. Lo que se le reprocha es la pérdida del justo medio, del equilibrio, del buen orden de la vida humana.

     El error es una concepción falsa de la vida; negar una realidad sana y vigorosa que desde tiempos antiguos unió el ser y la verdad; permanecer aferrado a una temporalidad infecunda; escepticismo, negación del ser. La fama se fundamenta en una ornamentación del ser, combinaciones y acrobacias al ser comparables con los juegos de palabras de algunos místicos. ¿Cómo -en una época indigente- puede arreglárselas de otro modo quien ha caído de la fe de los padres y en un atrevimiento cree que debe trastornar lo anterior; cómo puede liberarse de la falta de espíritu de este tiempo cuando dice: "Toda valoración es también allí donde valora positivamente, una subjetivacion"? "El que relativiza de esa manera y al mismo tiempo pretende ser un revolucionario del espíritu se enreda primeramente en la autonomía de un Nietzsche y finalmente fracasa por entero, porque malgasta innecesariamente sus esfuerzos para liberarse de su embrollo." (E. Friedrich Bauer.)

     El nihilista no quiere ningún apoyo, ningún soporte de nada, pero el hombre no puede existir sin la afirmación de posibilidades, sin una realidad cualquiera, aunque sea la del pan cotidiano. ¿De qué le sirve, entonces, la orgullosa autoconsciencia y su voluntad de reformar al mundo por medio de categorías propias?

     La filosofía de la existencia expresa una gran desilusión para la cultura y la ciencia modernas, pero la costumbre de traducir palabras e ideas antiguas para penetrar su sentido arcaico resulta trágica al constatar cuán poco sale de ahí: resultados indigentes en un tiempo indigente. "El reverso de los esfuerzos de Heidegger por una reapropiación original del pensamiento y habla iniciales de los griegos es la degradación y supresión de todo el lenguaje y la concepción filosóficos de la Edad Media" (K. Lowith.) La ética, la cultura y la humanidad ya no son "intereses serios" cuando se abandona a la razón; se es entonces "pastor del ser", y aparece la cosificación, consecuencia de la arrogancia llevada al extremo.

     El pensamiento en valores no es blasfemia contra el ser. Pensar correctamente, y no por una desilusión ilimitada, no aísla en un tiempo indigente; sí conecta al pensador sano para arrancarlo del olvido. En este camino, la filosofía es universal, nunca puede ser nacionalista; sin la metafísica no es concebible. De Eckhart a Heidegger encontramos esta línea en forma de movimiento ondulatorio que a veces encuentran signos negativos (Marx, Schopenhauer, Nietzsche); el prominente Hegel también espera la venida del Espiritu Santo al final de los tiempos, que sólo es el espíritu creador secularizado del cristianismo. Schopenhauer lucha con esta problemática y se vuelca contra Hegel, al igual que Kierkegaard. El gran buscador de Dios, Nietzsche, terminó en el fuego fatuo y la demencia. Con Scheler, Jaspers y Heidegger vemos que la liberación no nos hace señales, pero esta triple constelación podría darnos un nuevo comienzo filosófico. Toda esperanza acaecería si abandonáramos conscientemente todos los aislamientos que existen hoy en día y continuaríamos nuestra búsqueda también en otras culturas y tradiciones para superar una cierta mentalidad estrecha que pesa sobre nosotros en el presente.

martes, 22 de noviembre de 2016

ENTRE EL DICTADOR Y EL CHAVISMO -CONTRA EL PODER PERSONAL-


El hombre actual es como el de antaño en cuanto a que –si quiere- puede pensar clara y racionalmente. Basta tan sólo con sacar las conclusiones de la verdad que nos rodea, que no se acopla a los abusos de poder y a la ausencia de ética gubernamental.

ENTRE EL DICTADOR Y EL CHAVISMO
CONTRA EL PODER PERSONAL
-Alberto Rodríguez Barrera-

     El dictador comienza por querer hacer todo él mismo, procediendo primero cuasilegalmente para imponer su voluntad contra lo que se le oponga, cuestión que tarde o temprano deja de lograr, llevándolo a olvidarse del derecho y mandando a ejecutar a la oposición (con diversificadas “sutilezas”), cosa que acarrea reacciones en cadena (protestas por todas partes).

   Entra entonces en escena el muy importante juego del azar. Ateniéndose a sí mismo, cual superhombre hitleriano, va deslizándose en decisiones que le pesarán, productos del descarte de una racionalización acorde con la realidad, con delirios carentes de información. Pasan así asuntos tras asuntos, con el dictador incrementando –erróneamente- su poder, aumentándolo a cualquier precio para dominar a los adversarios (con pitazos, encarcelamientos, expropiaciones).

     El dictador apela a la “organización” anónima de hombres intercambiables para encubrir el dominio exacerbado, haciendo éstos un triste papel de “ceros a la izquierda” o "sigüíes” (cual gérmenes del chavismo). Lo mismo pasa o da que esta administración o monopolio sea capitalista o comunista, ya que tal magna plenitud de poder no suministra soluciones adecuadas debido a que están excesivamente alejados de las cosas que pueden decidir, influir y regular coherentemente. A esto se agrega lo impersonal, lo infame infamiliar, el anonimato del chavismo que es enemigo de la responsabilidad moral.

    El dictador, como su “organización”, no respetan ni atienden a las personas como tales; se les cosifica, tratándolas como cosas, materiales, cuestión que exalta lo demoníaco y delata que no es el espíritu ni la razón lo que mueve a quienes ejercen el poder; los cabalga Belcebú, sin darles descanso.

     “Tan pronto como la conciencia de la persona ya no se responsabiliza de la acción en el sentido ético, surge en el que actúa un espacio peculiarmente vacío. Ya no se tiene el sentimiento de que es él quien actúa; de que la acción comienza en él y, por tanto, tiene que responder por ella. Parece que él como sujeto desaparece y que la acción pasa a través de él.” (Guardini) Pasan a través del dictador debido a que las exigencias y los acontecimientos lo atropellan, se enfoca sólo en las resistencias externas y pierde las internas, de las que dependen las decisiones morales. De ahí lo grotesco demoníaco que sucumbe por debilidad de poder.

    El chavismo entonces deja de atacar los vicios y males que lo circundan, entra en “consideraciones situacionales” para evitar los peligros en su propio “poder”. Porque el mal corrompe y lleva al desprecio de los justos derechos de los individuos, quienes –consecuencialmente- buscan un cambio.
El chavismo, en lugar de ennoblecer el poder, de enriquecerlo con moral, falsifica la moral, y ya es francamente inmoral. Su falta de visión los va hundiendo en la insignificancia. Para decir lo menos: el azar interviene y evita la desintegración, ya que la vida contemporánea se encuentra ante una enorme ampliación del potencial terrenal del poder.

   Tenemos conciencia desde hace décadas que debemos domesticar y limitar este potencial para servir a todos, a la humanidad. No se trata de que la fuerza demoníaca del poder fije su meta en sí misma ni de que la fuerza demoníaca de la tecnología se ostente como absoluta y finalidad en sí misma. Se trata de no contradecir al espíritu del hombre ni dejarse seducir por lo aparentemente ilimitado.

     La autosuperación no debe consistir en depositar el potencial de poder en menos manos disfrazadas de superhombres. La supervivencia está en que el poder, por regla general, debe ser distribuido y descentralizado. Es lo que ayuda a avanzar.

     Es falso que el espíritu humano haya enfermado y que haya dejado de dirigir nuestra evolución. Aunque sea imperfecto y débil, sostiene el atractivo especial hacia el progreso, y se entrega a él con gusto, porque busca la paz interior y reflexiona sobre lo que acontece en torno al núcleo de su persona.

     Es el chavismo lo que se ha vuelto insano, enfermo, porque no cede a la exigencia de su alma tranquila y no permite que su espíritu llegue a un estado de paz.

     La verdad es que el hombre actual es como el de antaño en cuanto a que –si quiere- puede pensar clara y racionalmente. Basta tan sólo con sacar las conclusiones de la verdad que nos rodea, que no se acopla a los abusos de poder y a la ausencia de ética gubernamental.

CÓMO DISIPAR LAS DIFICULTADES DEL MENTIROSO


Para evitar ser como los mentirosos de la política, Descartes fundamentó toda su filosofía sobre cuatro reglas: 
“La primera regla es no aceptar como verdad nada que yo no conozca como evidentemente así: eso es, evitar cuidadosamente la precipitación y el prejuicio, y aplicar mis juicios a nada sino a aquello que se mostró a sí mismo tan claramente y precisamente a mi mente que nunca debería tener ocasión de dudarlo.
La segunda era dirigir a cada dificultad que debía examinar en tantas partes como fuera posible, y como se requiriera para mejor resolverla.
La tercera era conducir mis pensamientos de manera ordenada, comenzando con lo que era más simple y más fácil de saber, y subiendo poco a poco al conocimiento de lo más complejo, hasta suponiendo un orden donde no hay precedencia natural entre los objetos de conocimiento.
La última regla era hacer una enumeración tan completa de los nexos en un argumento, y pasar todos tan completamente bajo revisión, que yo pudiera estar seguro de no haber errado en nada.”

CÓMO DISIPAR LAS DIFICULTADES DEL MENTIROSO
-Alberto Rodríguez Barrera-

     “No es suficiente, antes de comenzar a reconstruir la casa en que uno vive, simplemente derrumbarla, proveer materiales de construcción y arquitectos, o convertirse uno mismo en el propio arquitecto, y, además de todo esto, tener un cuidadoso plan previsto para la nueva construcción, sino que uno debe tener algún otro lugar conveniente en el cual residir mientras el trabajo de construir se adelanta; y, de la misma manera, para poder permanecer irresoluto en mis acciones mientras la razón me obligaba a suspender mi juicio, para continuar viviendo tan feliz como pudiera, yo tracé una moralidad provisional para mi mismo, compuesta de sólo tres o cuatro máximas...”

     Descartes estaba contento con su método, ya que sus cuatro reglas le aseguraban el uso de su razón, si no perfectamente al menos en lo que tenía al alcance de su poder. No era el atropello y la improvisación con que proceden ciertos gobernantes, obviamente, ya que Descartes tenía la honradez de reconocer su ignorancia y de prepararse para obtener mejor conocimiento.

     Figuraba primero entre sus máximas la obediencia “a las leyes y costumbres” de su país y –pese a que llegaría a ser el “gran innovador”- quería gobernarse a si mismo “en todo de acuerdo a las opiniones más moderadas”, aquellas menos dadas al exceso y comúnmente aceptadas en la práctica “por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir”, seguro de que no había nada mejor que eso. Por ello es que para conocer sus sentimientos reales observó “sus acciones en vez de sus palabras”, no sólo por la corrupción de maneras y costumbres, también porque la gente no declaraba aquello en que creían y “porque muchos no lo saben ellos mismos”.

     Creyendo en las opiniones más moderadas, Descartes veía que era más fácil ponerlas en práctica y que tenían así más posibilidades de ser mejores, “ya que todo exceso es generalmente malo”, y se extraviaría menos del “camino correcto”. Descartes incluía entre las formas del exceso “todas aquellas promesas mediante las cuales nos privamos de algo de libertad”. No veía en el mundo nada que permaneciera igual, y se esmeraba constantemente en incrementar sus poderes de juicio, no empeorarlos.

     Así, su segunda máxima era ser firme y resoluto en sus acciones, “imitando a los viajeros perdidos en el bosque” que no deberían deambular de uno a otro lado ni quedarse estancados en un solo lugar, sino ir derecho hacia adelante en la misma dirección, ya que de otra manera, aún cuando no llegara a su destino, llegaría a algún lado mejor que el medio del bosque.

     Cuando no se está en capacidad de distinguir las más ciertas opiniones, debemos elegir las más probables, y si no hay posibilidades entre ellas, debemos elegir las que sean más verdaderas, las más ciertas, y de tal manera evitamos los ataques de arrepentimiento y remordimiento que comúnmente agitan a los espíritus débiles mal balanceados, que practican inconsecuentemente como bueno lo que después juzgan como malo. (Constituye esto último una de las características del chavismo actual en su proceder absolutista e improvisador, incapaz del proceder coherente.)

     La tercera máxima cartesiana era intentar siempre el dominio sobre si mismo en vez de depender de la fortuna, intentar alterar los deseos en vez del curso del mundo, acostumbrarse a la creencia de que no hay nada que esté totalmente bajo nuestro poder excepto nuestros pensamientos, para que –habiendo hecho el mejor esfuerzo con lo que nos es externo- consideremos lo que fallamos en lograr como absolutamente imposible. La idea aquí era que si vemos los bienes externos fuera de nuestro poder, no lamentaríamos pérdidas como “estar en posesión de los reinos de China y México”; haciendo una virtud de la necesidad, no desearíamos estar bien cuando enfermos ni libres cuando en prisión, ni desear “cuerpos tan incorruptibles como diamantes, o anhelar alas para volar como un pájaro”.

     Para ello se requiere de una constante meditación, la capacidad de los filósofos de la antigüedad para sustraerse del imperio del “chance”, tristeza y pobreza, para reclamar la felicidad de los dioses, con pensamientos que los hacían más ricos, más poderosos, más libres y felices. Perseverar en la razón y el conocimiento de la verdad requiere de un método con las tres máximas que para Descartes eran “toda la riqueza que por siempre estarían a mi alcance”; porque la voluntad siempre busca (o evita) lo que el entendimiento califica como bueno o malo, y “es suficiente juzgar bien para hacer el bien, y juzgar tan bien como uno pueda para hacer lo mejor que uno pueda, para adquirir... todas las virtudes junto con todos los demás bienes que seamos capaces de adquirir. Y cuando uno tenga la certeza de que todo esto es verdad, uno no puede fallar en ser feliz”.

     “Pero todo este entendimiento es arduo, y una cierta indolencia me lleva imperceptiblemente de vuelta a mi ordinario estilo de vida. Al igual que un esclavo, felizmente soñando que es libre, teme ser despertado en cuanto sospeche que su libertad no es más que sueño, y conspira con su deliciosa ilusión para prolongar el engaño, y así me recuesto sin saber de mis viejas opiniones, y temo ser despertado de mi sopor a no ser que las laboriosas vigilias que deben seguir a este tranquilo descanso, tan lejos de traer luz a mi mente en su búsqueda de la verdad, probaran ser inadecuadas para disipar toda la oscuridad causada por las dificultades que acaban de ser planteadas”.

A veces nos sentimos como en las luchas interiores de Descartes, pero a la vez conscientes de que sin pensar y dilucidar los dilemas no podríamos salir adelante...

domingo, 20 de noviembre de 2016

LA PERFECTA MEDIOCRIDAD DEL CHAVISMO


El chavismo ataca a todos los sentidos, como lo pueden entender todos los que hacen uso de la imaginación, y el sonido es malo, el olor es malo y lo que vemos es un detritus que nos hace sentir tan triturados, que no hay otro camino, para el entendimiento y la acción, que el desbordamiento dinámico de la imaginación. Sobre lo que tenemos certeza moral no hay dudas y tenemos suficientes causas sociales y filosóficas para una confrontación más realista, que no sueña con ser poseída por la pesadilla de un cuerpo extraño como el chavismo. 
Pero más que de sentidos e imaginación, hablamos de la razón.


LA PERFECTA MEDIOCRIDAD DEL CHAVISMO
-Alberto Rodríguez Barrera-

     Hemos deambulado por años como espectadores –más que como actores- del mundo que nos rodea, entre dudas y aprehensión, como escépticos ante la secuela de errores, dudando por el gusto de dudar, indecisos ante la certeza de las evidencias, como hurgando sobre la arena movediza en busca de una solidez subterránea. Parecieran a veces esfuerzos sin recompensa en torno al descubrimiento de la falsedad. Flacas conjeturas pese a la solidez de todos los razonamientos. Y justo cuando la vieja casa es demolida, destruyendo hasta lo que estaba bien cimentado, seguimos buscando establecer certidumbres más allá de lo evidente, continuamos ejercitando métodos para las dificultades, olvidándonos a veces de los precipicios consolidados, como si no tuviéramos otro empleo que el desgaste, el dolor de distinguir entre el placer y el vicio, ocio sin tedio, honesta diversión, cuando lo que se requiere es una perseverancia de acción machacando las verdades evidentes. 

     Lo que ha sido suficiente es la confrontación de las dificultades con cartuchos de salva, con balas frías sin acento social, cuando hasta los rumores han llegado a conclusiones de certeza y canonización. La ignorancia e indolencia del chavismo está confesa y su ingenua mediocridad ya es un hábito de anestesia, que se despliega con jactancia irracional, no requiriendo siquiera ser digno de su reputación, esa capacidad de distanciamiento y retiro de la realidad social fundamental, cual enriquecido ejército en fuga de los más elementales sentidos de la paz, con unos pocos miles de “habilidosos” ocupados en sus extraños negocios, sin perder oportunidad para el trastorno del medio ambiente del grueso de la colectividad, acampando en “carpas” remotas de una soledad que no debe ser molestada. (Muchos rincones citadinos pueden ser símbolos del país actual, impregnados de pobres durmientes, refugiados de un sobrevivir escaso entre atracadores desaforados, cloacas públicas, desfachatez de indolencia.) 

     La soledad del chavismo es ocupada por un discurso sin meditaciones que no va más allá de una cháchara que gusta a pocos y un sentido de la moralidad altamente opuesto a la verdad, impregnado de errores lógicos cuyas razones fracasan hasta en las más simples materias geométricas, falibles y rechazadas por su concluyente falsedad. “Finalmente, en vista del hecho de que esas mismas ideas, que nos llegan cuando estamos despiertos, nos llegan también cuando estamos dormidos sin que ninguna de ellas sea verdad...” Descartes calificaba de “ficciones de mis sueños” lo que entraba como falso a su mente; para nosotros ya es un tráfico de pesadillas.

     Los azotes en el cuerpo social van más allá del “pienso, luego existo”: estamos existiendo con el pensamiento enroscado bajo un cuerpo adolorido. Está claro y precisamente confirmable que nuestra existencia no depende de una verdad única únicamente con vida en la imaginación del chavismo, y no es posible concluir en la tesis cartesiana de que somos “una sustancia cuya sola esencia o naturaleza consiste en pensar. Y cuya existencia no depende de su locación en el espacio ni en ninguna cosa material”. Nuestra existencia o realidad física no es así, aunque valga la necesidad de asegurarnos la verdad y la certeza mental y social ante el hundimiento a que nos arrastra el chavismo.

     ¿Qué tipo de estupidez es la creencia del chavismo de que son una especie de perfección superior a la contundencia con que la realidad refuta? La ceguera hecha en casa hace de la imperfección una invisibilidad; de ahí que el debate que se da es sobre ser más perfectos que ellos mismos, o sea: la idea de la nada. Dios parece ser un detalle de la perfección que colocaron en la mente del chavismo para que creyera el mundo que sólo ellos existen, ajenos a la carencia de perfecciones y absolutamente entregados a la creencia de que no hay nada más perfecto que una mente con boina roja, existiendo solos y totalmente independientes de cualquier otro ser humano, cual poseedores de las pocas cualidades requeridas para ser perfectos. No de otra manera puede entenderse el derecho exclusivo sobre lo infinito, eterno, soberano, inconmovible y todopoderoso con que adornan su escualidez. La duda, la inconsistencia, la melancolía y demás, que fueron excluidas de la naturaleza de Dios, para ellos fueron también materias eximidas. ¿Qué se hace con algo así compuesto, que ha concluido que no hay otra inteligencia tan pura u otros seres humanos tan totalmente perfectos? ¿Entregarnos porque sin eso no podemos vivir ni un minuto?

     Los pensadores armados con algo más que balas frías consideran que la gran dificultad de la gente es elevar sus mentes por encima de sus sentidos, ya que están acostumbrados a pensar con la ayuda de sus imaginaciones, y que lo que no pueden imaginarse parece ininteligible. Es como decir que nada hay en el entendimiento que no pase primero por los sentidos. El chavismo ataca a todos los sentidos, como lo pueden entender todos los que hacen uso de la imaginación, y el sonido es malo, el olor es malo y lo que vemos es un detritus que nos hace sentir tan triturados, que no hay otro camino, para el entendimiento y la acción, que el desbordamiento dinámico de la imaginación. Sobre lo que tenemos certeza moral no hay dudas y tenemos suficientes causas sociales y filosóficas para una confrontación más realista, que no sueña con ser poseída por la pesadilla de un cuerpo extraño como el chavismo.

   Pero más que de sentidos e imaginación, hablamos de la razón.