viernes, 1 de julio de 2016

APUNTES SOBRE CONSCIENCIA, LA MENTE Y EL CUERPO


APUNTES SOBRE CONSCIENCIA, LA MENTE Y EL CUERPO
-Alberto Rodríguez Barrera-

    Consciencia es el estado de un individuo cuando sus facultades de ver, oír, sentir, pensar, etcétera, están funcionando normalmente. Contrasta (1) con su estado cuando entra en coma, o se desmaya, o es profundamente hipnotizado, o duerme sin sueños; y (2) con su estado cuando, en vez de sentir un alfilerazo como haría normalmente, está inconsciente de él, porque ha sido localmente anestesiado, o porque –inconscientemente- no desea sentirlo, o porque la auto-sugestión lo ha inhabilitado exitosamente para evitar sentirlo, o porque ha sido levemente hipnotizado, o por alguna otra razón. En estos últimos casos, el contenido de su corriente de la conciencia está algo restringido en carácter. En el caso de un hombre ciego de nacimiento, el contenido está grande y permanentemente restringido, ya que carece de una de nuestras facultades normales.

    En el presente no sabemos qué constituye el juego total de necesarias y suficientes condiciones fisio-neurológicas para el funcionamiento normal de cada una de nuestras facultades de percepción y cognocitivas. A fortiori no sabemos qué constituye este juego de condiciones para nuestra general funcionamiento consciente. Más aún, aunque la conciencia está bajo constante y ampliamente difundida investigación, bajo estudios particulares de percepción y cognición, hay profundos conflictos sobre el concepto de la conciencia enraizado en nuestra cultura, incluyendo la subcultura de los científicos.

    Por lo tanto, ¿cuán abajo de la escala filogenética es correcto adscribir un funcionamiento consciente? Seguramente todos estaríamos de acuerdo en adscribirlo a un mono alcanzando a un cambur, o a un perro corriendo para saludar a su amo. ¿Pero y qué de una rata aprendiendo un nuevo laberinto? Si decimos que sí aquí, entonces también estaremos obligados a adscribir conciencia a un gusano aprendiendo un laberinto, pero nos resistimos a esta adscripción. Si le decimos no a la rata, nuestro rechazo y dudas al instante se despliegan hacia arriba para abrazar al perro y al mono.

   Nuestro escepticismo se fortalece con los intentos de psicología actuales por explicar el comportamiento de la rata sin postular funcionamiento consciente. Es demasiado evidente, por lo tanto, que estamos realmente poco claros de lo que decimos cuando adscribimos consciencia a un animal o a nosotros mismo.

   Una solución ha sido sugerir que nuestro funcionamiento consciente consiste en un complejo y continuo proceso de “input” de conceptualizaciones desde dentro y fuera del organismo. Esta sugerencia es prometedora y su valor heurístico no ha sido totalmente tocado, ni siquiera agotado. Sin embargo, probablemente tendrá la consecuencia de restringir el funcionamiento consciente hacia nosotros mismos y hacia los animales superiores por partes de su vida de despertares diarios. Esto, en cambio, tiene la lógica consecuencia de que los animales inferiores no pueden sentir dolor.

   Con igual seriedad, esta solución por sí misma deja sin resolver el problema central de la conciencia. Si decimos que cuando el clamor de las campanas de la iglesia llegan a mis oídos, todo lo que hago (relevantemente) es conceptualizar el input, entonces (ha sido argumentado) dejamos por fuera el valor de los aspectos sensuales y fenomenales de mi experiencia auditiva y conciencia del momento. Esto, por otra parte sugiere que hay constituyentes o aspectos de nuestra consciencia que no pueden ser traídos dentro del orden de eventos naturales y dentro de la visión de la ciencia. Así es que nuestro concepto de consciencia pareciera comprometernos a un dualismo.

    Ha habido varios intentos para remover este dualismo, o hacerlo más digerible; se ha argumentado que, cuando oigo el clamor de las campanas, los procesos corporales y los eventos involucrados son contingentemente idénticos con aquellos que son mi escuchar de las campanas. Aunque esta proposición puede eliminar el dualismo de los eventos, nos deja con un dualismo de propiedades, o cualidades, que es igualmente confuso. Otra vez, puede argumentarse que –en el sentido que importa- es un error afirmar que hay algún sensual y fenomenal múltiple sobre y por encima de la conceptualización que yo hago al escuchar las campanas.

   Esta es una profunda contención que se desprende en parte de la solución de Wittgenstein. Pero también es una muy difícil de capturar, y no ha sido tan ampliamente apreciada como, quizás, merece serlo. Una de las razones para esto puede ser que la solución de Wittgenstein pareciera comprometernos con cambiar nuestro concepto de consciencia de tal manera que ya no sería correcto y nos tentaría a hablar de un múltiple sensual y fenomenal sobre y por encima de nuestra actividad de conceptualización.

   Si este cambio conceptual ocurriese, entonces el tradicional dualismo de la conciencia desaparecería. Uno de los factores que ayuda a que suceda este cambio es el desarrollo de la ciencia. Mientras la psicología y las disciplinas relacionadas más demuestren cómo nuestro funcionamiento consciente consiste en actividades de conceptualización, más débil será nuestra resistencia a los cambios conceptuales que eliminarán el problema, y así traer el fenómeno de la consciencia dentro del orden de la naturaleza.

   Dualismo es cualquier teoría que sostenga que hay –en el universo o en alguna significativa parte de él- una última e irreductible distinción de la naturaleza entre dos tipos de cosa. Ejemplos son: (1) el dualismo de Platón de objetos eternos, de los que podemos obtener verdadero conocimiento, y objetos temporales, que son accesibles a los sentidos, y sobre lo cual, cuando más, podemos tener opiniones; (2) el dualismo cuerpo-mente de Descartes, de mente, como consciente, y de cuerpo, como ocupantes de espacio, la primera siempre infalible, el segundo nunca más que falibilidad, conocible; (3) dualismo ético, que sostiene, de conformidad con la doctrina de falacia naturalista, que hay una irreductible diferencia entre declaraciones de hecho y juicios de valor; (4) dualismo explicativo, que sostiene que, mientras que eventos naturales –incluyendo meros movimientos corporales- tienen causas, las acciones humanas no las tienen pero deben ser explicadas por referencias de motivos o razones; (5) a veces llamado dualismo epistemológico, la teoría de que debe hacerse una distinción entre el objeto inmediato de percepción y el inferido, público, objeto material.

   El problema mente-cuerpo es un juego de temáticas que han emergido de la tendencia humana de postular una diferencia fundamental entre el reino de la mente por una parte y la naturaleza física por la otra. Está generalmente aceptado que cualquier actitud hacia la dicotomía crea mayores, y quizás insolubles, problemas de análisis filosófico.

    Tradicionalmente, ha habido cuatro actitudes principales: (1) monismo físico, el más aceptado, asume que todo fenómeno de la mente y de la naturaleza puede ser reducido a las leyes de la física y biología; (2) monismo neutral (o mental), sostiene que todo es mente, y que el concepto de naturaleza es en sí mismo una construcción de la mente que sólo puede ser conocida a través de hipótesis probadas por referencia a la experiencia; parte del principio metodológico de que la naturaleza no puede ser conocida directamente sino sólo por medio del observador humano, que uno define naturaleza y mente igual por los tipos de observaciones que uno hace y de la naturaleza de las inferencias que uno saca; (3) interaccionismo, sostiene que hay dos esferas interactuando, mente y cuerpo: una visión que recibió su primera elaboración definitiva de Descartes; (4) la doctrina clásica de paralelismo sico-físico, sostiene que los eventos físicos y síquicos llevan un curso paralelo sin afectarse uno al otro; (5) epifenomenalismo, poco conocida, sostiene que lo mental y lo físico deben entenderse como radicalmente diferentes en su naturaleza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario